En “Diario de un rockero” nos encanta mencionar que un concierto ha tenido tanta expectación de público como para colgar el cartel de “SOLD OUT”.

Y para abrir la noche de metal con SOLD OUT en la Penélope estaban: EON. EON son una banda de metal ecléctico de Madrid, que han abierto conciertos para a su vez, otros insignes teloneros de Hamlet como son Somas Cure. Su segundo trabajo, «Médula» está cosechando muy buenas críticas y se podía adquirir en la sala Penélope al precio de 10 euros. También se podía comprar el “Médula” y el anterior disco “Invisible” juntos por 16 pavetes. EON se caracterizan por mezclar en su sonido bastante oscuro y contundente con guitarras, bajo y batería muy potentes así como con unos guturales muy marcados alternados con voces melódicas. En concierto, los músicos de EON adquieren posturas curvadas para seguir con atención la ejecución de sus instrumentos. La banda descargó en la sala Penélope canciones como la que abre su último trabajo, “Médula”: la trepidante «Edén», la contundente con guturales y voces melódicas «Aura», el inicialmente desnudo ritmo de batería con posteriores cuerdas y voces machacantes de «Insomnia» o la que cierra “Médula”: «Víctima». Se notan las influencias en EON de potentes bandas punteras estatales como pueden ser Koma, Vita Imana o los propios Hamlet.

¿Recordáis esa escena de Pulp Fiction en la que la parejita de la cafetería se hacen arrumacos antes de comenzar a gritar y amenazar a todo el mundo con sus pistolas? Pues justo las voces de esa escena y la canción surfera de la banda sonora de Pulp Fiction “Misirlou” sirvieron como intro a la actuación de Hamlet. Los madrileños saltaron a las tablas como lo que son, una banda triunfadora que tiene ganado al público desde el principio por puro carisma y buen hacer; comenzando con el trallazo de canción que es “J.F.”, que consiguió que la entrega del público fuera absoluta desde el principio, coreando los versos del temazo y brincando sin parar. Por si fuera poco, siguieron con la contundencia de “Egoísmo”, en la que Molly hizo cabriolas, carreras, saltos y hasta malabarismos con una botella de agua que lanzó al público, mientras el guitarrista Ken HC, que entró más tarde en la banda, enloqueció con los riffs que ejecutó y con la fenomenal respuesta de público, perfectamente integrado en la banda.

Molly hizo una especial mención al guitarrista Luis Tárraga con su Gibson SG colgada. Tárraga “le echó los más grandes huevos del mundo” a esta actuación cuando tan sólo hace unos días tenía 20 grapas en la espalda, pero lejos de quejarse, pudimos contemplar a un Tárraga sonriente en todo momento y leal a su público, dándolo todo. Cuando llegó “Limítate”, Molly ya se estaba encaramando a la torreta derecha del escenario, y a continuación descargaron un par de canciones del último disco “La ira”: “Imperfección” (con Luis Tárraga haciendo efectos de sonido con la guitarra sobre su cabeza) y “Mi religión” (con Molly esta vez subido a la torreta izquierda del escenario), para seguir con otros clásicos. En “Antes y después”, Molly abrazaba al simpático Tárraga, y el groove de “Deja vu” dio comienzo con el guitarrista subido al acostumbrado podio al borde del escenario que tanto el guitarrista como el cantante utilizan para sus saltos y cabriolas. Durante este tema Molly aprovechó para pegar un largo trago de “fucking beer” de una litrona que uno de los asistentes de las primeras filas cedió amablemente. Con unas luces tenues en la Penélope, Luis desgranó unos riffs de guitarra que rápidamente conectaron con la melancólica “Imaginé”.
Volvió la caña con dos temas más de “La ira”: la rápida “Lamento”, para la cual, Molly no iba a permitir que la energía decayera, exigiendo al público el feedback a cambio de más diversión (“¡No es suficiente!”-gruñó el cantante) y la densa “Ser o no ser” en la que nos dejó pasmados el desgañitadísimo grito final de esta canción que ofreció Molly.

Más clásicos imperecederos de la banda: “Muérdesela” con Tárraga animando a dar palmas para seguir el ritmo y el público cantando todos los versos de la canción. Aprovecharon este tema para organizar el primer muro de la muerte abriendo dos mitades entre el público de la Penélope que chocarían entre sí con energía. Además alargaron “Denuncio a Dios” para hacer que todo el mundo se mantuviera en cuclillas durante unos instantes y brincara a la vez. No faltaron tampoco los clásicos “Dementes cobardes” y “Tu medicina” además de otro más reciente pero potentísimo y pegadizo “Un mundo en pausa” ya convertido en habitual del setlist con el que el grupo se retiró. Pero todo el mundo sabía que Hamlet volvería para ofrecer el último acto: “Para toda una vida” y como no podía faltar, el clasicazo con el que Mariano García nos daría a conocer a los primerísimos Hamlet de “Sanatorio de muñecos” en su “Disco-Kross”: el brutal “Irracional” interpretado un tanto más suavemente que de costumbre, en momentos casi como un blues, con un paseíllo de Molly por entre el público hasta subir a la grada de la Penélope, contemplar al público y volver al escenario. Tras pedir Molly silencio absoluto la banda rompió con la potencia de siempre a atacar el estribillo hasta el paroxismo. No creo que nadie saliera de la sala decepcionado. El de Hamlet es todo un show que esperamos que se repita por muchos años.

Crónica por: Miguel A.R.
Fotos por: Mikel Masa

 

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