Han pasado muchos años desde la primera vez que vi a Su Ta Gar en directo y, desde entonces, he tenido la oportunidad (bien aprovechada) de reencontrarme con ellos en numerosas ocasiones: en la desaparecida We Rock, en la Sala Caracol, en esta misma Sala Mon, en Guadalajara o incluso en la Zentral de Pamplona presentando su flamante último disco. Y si hay algo que uno aprende después de tantos conciertos de los eibarreses es que Su Ta Gar nunca defrauda en directo. Podrán variar los repertorios, podrán recuperar clásicos o presentar material reciente, pero la energía, la honestidad y la conexión que transmiten sobre el escenario permanecen intactas.
En esta ocasión, la banda se encuentra inmersa en una gira muy especial con la que está rememorando su primer trabajo, “Jaiotze Basatia”, que este año cumple nada menos que 35 años. Una ocasión perfecta para volver a disfrutar de algunos de aquellos temas que forman parte de la historia del heavy metal en euskera y que, tres décadas y media después, continúan sonando con una fuerza sorprendente.
Puntuales a las 21:00, las luces se apagaban y la banda aparecía sobre el escenario para comenzar la descarga con «Azken Gurutzada». Allí estaban los actuales Su Ta Gar: un Aitor Gorosabel empuñando su característica Gibson Explorer blanca, alternando guitarra y voz con total naturalidad; un Xabi Bastida inseparable de su Gibson Flying V, aportando melodía y contundencia a partes iguales; Igor al bajo y Galder tras la batería, completando una formación perfectamente compenetrada.
La segunda canción sería «Horixe Naiz», con su atractivo juego de dobles guitarras entre Aitor y Xabi antes de que la banda desplegara toda su potencia. Al finalizar el tema, el humo cubriría el escenario, aumentando la sensación de que el fuego y la llama de Su Ta Gar son tangibles.
El sonido fue mejorable, especialmente en lo referente a la voz, que en algunos momentos no se escuchaba con toda la claridad deseable. Sin embargo, esto no impidió que el público apoyara constantemente a Aitor, coreando numerosas partes de las canciones aunque más de uno no controlemos el euskera.
El repertorio del concierto estuvo dedicado ampliamente a las canciones de “Jaiotze Basatia”, con interpretaciones de «Erraietan Betirako», «Arbasoen Mendekua», (intercalando la fenomenal Nazka del segundo álbum), «Begira», «Sistematik Ihes», Mari o «David eta Goliath». En Begira volvimos a encontrarnos con los habituales saltos de Aitor y Xabi, que levantaron pasiones entre las primeras filas. Para la ineludible Mari, la banda recurrió al acompañamiento de un piano pregrabado, con el factor tan dramático como épico dentro de una actuación eminentemente eléctrica.
Antes de abordar «Jaiotze Basatia», Aitor comentaría algo que pone en perspectiva el paso del tiempo: quién les iba a decir, cuando compusieron y publicaron aquella canción, que 35 años después seguirían tocándola en Madrid. Y así, uno de los temas fundamentales de aquel primer disco volvía a sonar ante un público que recibió la interpretación con entusiasmo.
«Tras Zure Atzetik», llegaría «Oinazearen Indarra», precedida por unos acoples e improvisaciones sonoras realizadas por el propio Aitor en solitario a modo de introducción, creando tensión antes de que la banda entrara definitivamente en el tema.
Uno de los detalles más simpáticos de la noche lo protagonizaron los propios miembros del grupo, que se acercaron a saludar a unas pequeñas seguidoras que disfrutaban el concierto en primera fila equipadas con protectores auditivos. El bajista incluso les regalaría una púa, dejando claro que la cercanía con el público sigue siendo una de las señas de identidad de Su Ta Gar.
No faltarían tampoco algunos de sus himnos imprescindibles. «Etsi Gabe», «Jo Ta Ke», «Diruaren Esklabu» y «Haika Mutil» mantendrían la intensidad antes de que la banda encarara la recta final de la noche.
Y sería precisamente en esos últimos compases cuando Aitor realizaría una reflexión que resumía bastante bien lo que estábamos viviendo. El frontman se había fijado en que había gente entre el público que no conocía o no se sabía las letras de algunas canciones, pero lejos de verlo como algo negativo, lo consideraba una auténtica gozada. Porque si no conocemos las letras pero seguimos ahí, cantando, saltando y disfrutando, significa que estamos sintiendo la música. Y para Aitor, la música es precisamente aquello que nos une a todos. Una música que es amor y en la que el amor siempre vence al odio.
Con ese espíritu llegarían los bises, comenzando con Jainko Hilen Uhartean, al que seguirían la emotiva balada Itxaropena, Alarma «Egoera» con espectaculares juegos de luces y finalmente «Geroaren Hazi Heziak», poniendo el punto final a una noche en la que Su ta gar volvió a demostrar que sus conciertos siempre son una gran experiencia.
Treinta y cinco años después de aquel “Jaiotze Basatia”, Su Ta Gar siguen demostrando que conservan intactas la pasión y la fuerza de siempre. Y después de tantos conciertos compartidos con ellos, una cosa sigue estando clara: Su Ta Gar nunca defrauda en directo.
Crónica por: Miguel A.R
Fotos por: Charly Rock And Roll

