El pasado 12 de septiembre, La Riviera acogía una noche especial para Linaje: su concierto número 100. Una cifra que, teniendo en cuenta la juventud de la banda y que cuentan con un único disco publicado, adquiere todavía más significado.
Antes de que Linaje tomara el escenario, Txema Benítez fue el encargado de abrir la noche. Armado únicamente con su guitarra, tocó temas como «Peter Pan», dedicado a su madre, y «Qué más quisiera», consiguió que el público le acompañara desde el primer momento.
Txema también aprovechó para adelantarnos que en diciembre verá la luz un disco junto a su grupo, Doxa, y nos regaló la primera interpretación en directo de una de esas canciones, «A tumba abierta». Se despidió entre aplausos y coros con su nombre, una forma más que merecida de despedir a quien consiguió calentar la sala.
La Riviera estaba llena y entre el público no era difícil encontrar camisetas y prendas de la banda. Había expectación, pero también algo más: la sensación de que quienes estaban allí no habían venido simplemente a escuchar un concierto, sino a formar parte de él. Sobre el escenario, Aarón Romero, Asier Cuiral, Aimar Goikoa, Alain García y Asier González daban comienzo al espectáculo.
Las primeras notas de «Ay, morena mía» dieron comienzo a la noche y, poco después, llegó «Desataron a los perros». Desde el principio quedó claro que el público conocía las canciones. Las voces de los asistentes se mezclaban constantemente con la de Aarón.
La banda repasó buena parte de su disco, intercalándolo con temas de Platero y Tú y Barricada.
En un momento dado, el escenario quedó vacío y, tras varios minutos, Aarón regresó para presentar a uno de los invitados de la noche: Carlos Escobedo, vocalista de Sôber, acompañado por su banda. Junto a ellos también apareció Alén Ayerdi, batería de Marea. Todos juntos se encargaron de interpretar «La luna me sabe a poco», un momento especialmente significativo teniendo en cuenta el vínculo de Linaje con el legado del rock nacional.
Después llegaría «Golfa», dedicada a Robe, y una versión propia de «Por verte sonreír». Desde el escenario nos confesaban que querían rendir homenaje a todos aquellos grupos que han marcado la historia del rock nacional y que, al mismo tiempo, ellos aspiran a formar parte de la siguiente época.
La noche también tuvo un momento mucho más personal cuando el cantante de Linaje pidió al público que dejara los móviles y escuchara. Compartió unas palabras sobre su abuelo, que padece Alzheimer, y recordó que su aparición en La Revuelta había tenido también el propósito de que pudiera verle actuar. Tras sus palabras sonó «Aún me duele».
Cuando comenzaron a sonar las primeras notas de «A remojo», no hizo falta ninguna presentación. El público sabía perfectamente lo que venía. La Riviera volvió a convertirse en una única voz para cantar uno de los temas más emblemáticos de la banda.
Aarón aprovechó entonces para hacer un recorrido por diferentes nombres del rock nacional. Marea, Extremoduro, La Fuga, Barricada, Albertucho o Poncho K fueron algunos de los mencionados, hasta que el propio Poncho apareció para interpretar unos versos de «Corrientes demolientes». Más tarde, Quini, de Benito Kamelas, hizo lo propio con el estribillo de «Ayer soñé», antes de unirse ambos junto a Aarón en «A la luna le sobran canciones».
El tramo final llegó con Lulu, de Forraje, para cantar «La Serenata», uno de los temas más recientes de Linaje. Aun así, la canción era ya conocida por toda la sala. Después, «Nunca quise tu esqueleto» puso el punto final a la noche.
Entre canción y canción, Aarón fue compartiendo con el público anécdotas, recuerdos y nombres de las bandas que han influido en Linaje. Un recorrido que, aunque alargó algunos momentos entre temas, permitió entender mejor de dónde nace el sonido y la identidad de la banda.
Y si algo dejó claro la noche es el crecimiento que Linaje ha experimentado en muy poco tiempo. Con un único disco publicado, han alcanzado ya los cien conciertos, han llenado La Riviera en dos ocasiones y han pasado por escenarios como el Viña Rock. Además, muchas de sus canciones ya son coreadas de principio a fin por un público que ha hecho suyo este primer trabajo.
Quizá por eso, más que una despedida, este concierto número 100 se sintió como una parada en el camino: una noche para recordar de dónde vienen y celebrar todo lo conseguido hasta ahora. Con las referencias del rock nacional todavía muy presentes, Linaje continúa construyendo su propio recorrido. Y después de cien conciertos, parece que el camino no ha hecho más que empezar.
Crónica por: Itziar Donaire
Fotos por: j.m.donaire
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