sábado, abril 17, 2021
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CRÓNICA DEL CONCIERTO DE HERMANA FURIA EN MADRID

Sesión matinal en la Sala Siroco, donde el sábado 20 de marzo nos congregó un grupo que recién hemos descubierto, pero cuyo nombre va a ser difícil de olvidar: Hermana Furia.

La formación (con Nuria como vocalista y MC de sintes, Edu en la guitarra, Pau al bajo y Tweety en la batería) no ha sacado aún su primer álbum (que bajo el título “Todo va mal”, saldrá el próximo verano de 2021) y que pese a apenas contar con dos temas en YouTube y Spotify, ya cuenta con un doble sold out pandémico en la Siroco (el pasado mes de febrero).

Hermana Furia en la Sala Siroco (Madrid)
Hermana Furia en la Sala Siroco (Madrid)

No es para menos: no solo es que Hermana Furia sea puro rock and roll (por su actitud, por su virtuosismo, por su fusión de estilos). Las cuatro integrantes derrochan un buen rollo cómplice y natural, transmitiendo una atmósfera de bromismo y colegueo que no solo dota sus bolos de una energía natural (lejos del postureo, a veces innecesario, de gafas de sol en sala oscura) sino que se manifiesta en su música y su capacidad de moverse en un eclecticismo progresivo que toca todos los palos de nuestro gran género mater.

No sabría cómo clasificar su sonido, y prefiero no hacerlo. Encuentro la actitud más pura del rock and roll, con un cuadrilla que no deja de pegar botes (con mención especial para la cantante y medalla de plata para el guitarra). Por otro lado, el chorreo de voz, la agilidad agresiva, los tempos frenéticos y el compromiso técnico del metal. Pero todo esto se mezcla con el lamento y los juegos del rock blusero y el soul (a veces incluso el funk) y los insertos electrónicos del industrial, todo hilado por esa esencia evolutiva propia del rock progresivo y el stoner. Todo fluye naturalmente, en una espiral de rolling coaster que no nos deja un momento quietos (incluso aunque tenga que ser con el culo en la silla).

Aunque amemos la tralla, parece que Hermana Furia ha comprendido que es tan estúpido temer al ruido como avergonzarse del silencio, y parecen trabajar con la conciencia de que la tralla suena más fuerte entre susurros, a la vez que pierden los complejos por el sonido electrónico, demostrando que es un recurso que se puede explotar sin por ello perder actitud.

Hermana Furia en la Sala Siroco (Madrid)
Hermana Furia en la Sala Siroco (Madrid)

Por eso, fingir que eran las once de la noche y estábamos haciendo pogo no fue tan complicado como mantenerse en el sitio. Las cabezas no dejaban de moverse, como si aún pudiésemos amontonarnos frente al escenario moviendo las greñas. La gente intentaba bailar en el asiento, y aunque fuese difícil, el ambiente estuvo permanentemente caldeado, gracias al sonido y el derroche de energía de sus cuatro miembros.

Por dejar una ristra de momentazos, me quedo con la catarsis vocal de la cantante después de jugar a hacerse ecos con la guitarra, en lo que casi me aventuraría a decir que fue una improvisación. También me quedo con la milimétrica sincronía de las cuatro intérpretes a la hora de gestionar parones o silencios, con su complicidad. O con la potencia de la bajista en su soleo, grave y pesado como Black Sabbath; o el frenético ritmo de un batería que sabía pasar del tempo lento al propio de de un pulpo de cuatro brazos. La metralla de los riff de guitarra (por momentos nacida en el barro de Woodstock) y su fantástico uso de los pedales. Y desde luego, el plato principal es el contraste entre el gutural, los agudos altos y los suaves lamentos en susurros con el que es capaz de jugar la vocalista.

No sé qué más decir. Hay que estar pendientes, porque Hermana Furia ha llegado, y puede ser una de las propuestas más interesantes que se estén proponiendo en la escena del rock madrileño. Es la conquista que el sonido más extremo hace de las buenas formas progresivas, el atrevimiento de, mediante el buen rollo, partir de las raíces bluseras para llegar a las flores del metal y el hard rock, un camino cuyo aroma stoner no esconde la originalidad ni la energía de un grupo del que deseamos tener pronto disponible ese álbum prometido; para poder escuchar, recomendar y, en cada día menos, bailar sin descanso.

Crónica por: Zule
Fotos por: Irene Lisón

 

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