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VIÑA ROCK 2026 ¿LOS GRUPOS HAN OLVIDADO SUS PRINCIPIOS O PESA MÁS EL DINERO?

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El Viña Rock vuelve en 2026 con una edición muy especial: celebra su 30 Aniversario. Sin embargo, detrás de las ganas de fiesta, los grandes nombres del cartel y la maquinaria promocional de uno de los festivales más conocidos del panorama musical español, hay una pregunta incómoda que merece estar encima de la mesa: ¿por qué tantos grupos parecen haber hecho borrón y cuenta nueva después de la polémica por su vinculación financiera con KKR? ¿Se han olvidado de todo lo ocurrido o, sencillamente, cuando aparece una oportunidad de subir al escenario, el resto pasa a un segundo plano?

Porque aquí no hablamos únicamente de tocar en un festival. Hablamos de coherencia, de principios y de hasta qué punto los discursos que algunos artistas defienden durante el resto del año se mantienen cuando llega el momento de cerrar una contratación.

¿Dónde quedan los principios cuando llega la hora de cobrar?

Conviene recordar que la polémica no surgió de la nada. La relación empresarial del festival con Superstruct Entertainment, adquirida por el fondo de inversión KKR, provocó una importante reacción dentro de la escena musical. Numerosos artistas anunciaron que no actuarían en el Viña Rock mientras existiera esa vinculación. Algunos lo hicieron públicamente, explicando que no estaban dispuestos a participar en eventos relacionados con una estructura empresarial que consideraban incompatible con sus principios y su posicionamiento respecto a Palestina. La controversia llegó incluso a poner en jaque la continuidad del festival, con cancelaciones y reclamaciones de devolución de entradas.

Y ahora, ¿qué ha cambiado? Es cierto que Viña Rock ha pasado por un cambio de propiedad y que en febrero de 2026 se anunció su desvinculación de KKR, con la entrada de una empresa independiente vinculada a uno de sus promotores históricos. No sería justo ignorar ese movimiento ni afirmar que la edición de 2026 sigue bajo el control del fondo. Pero tampoco podemos hacer como si lo ocurrido no hubiera existido.

La pregunta que queda en el aire es otra: ¿cuántos grupos han mantenido realmente una postura coherente y cuántos han esperado a que las circunstancias les permitan regresar a uno de los escenarios más rentables y multitudinarios del país?

Porque resulta muy fácil hablar de compromiso, denunciar determinadas prácticas y defender causas sociales cuando no hay nada que perder. Lo complicado es mantener esa postura cuando aparece una oferta económica, un contrato interesante o la posibilidad de actuar ante miles de personas.

¿Estamos ante una cuestión de principios o de conveniencia? ¿Dónde termina el compromiso y dónde empieza el interés profesional?

No se trata de señalar indiscriminadamente a todos los músicos. Cada banda tiene su propia situación, sus razones y sus circunstancias. Pero si un grupo anunció que no volvería a tocar en Viña Rock por sus vínculos empresariales, sería razonable que explicase qué ha cambiado para que ahora sí considere aceptable participar. La transparencia también forma parte del compromiso.

Extremúsika: otra opción para el público y los grupos

Y aquí aparece otro elemento que hace todavía más interesante este debate: Extremúsika. El festival de Cáceres ha elegido exactamente las mismas fechas que Viña Rock para celebrar su edición de 2026: del 30 de abril al 2 de mayo. Una coincidencia que coloca a ambos eventos frente a frente y que ofrece al público otra alternativa para disfrutar de la música en directo.

Hay una diferencia importante que tampoco conviene pasar por alto: Extremúsika no ha estado señalado por una vinculación con KKR como la que protagonizó la polémica de Viña Rock. Y eso también merece consideración a la hora de decidir dónde queremos invertir nuestro dinero y a qué proyectos queremos dar nuestro apoyo.

¿Se acuerdan los grupos de todo lo que ocurrió? ¿Han reflexionado sobre ello? ¿O simplemente han visto que Viña Rock vuelve a ser una oportunidad comercial y han decidido que ya no merece la pena mirar atrás?

No deja de resultar curioso que dos festivales con una identidad musical cercana compartan calendario y que, sin embargo, el debate sobre sus modelos empresariales y sus principios no tenga el mismo protagonismo.

30 años de historia no deberían servir como borrón y cuenta nueva

Viña Rock cumple tres décadas de historia en 2026. Treinta años de conciertos, público, bandas y momentos que forman parte de la memoria musical de nuestro país. Nadie puede negar su importancia ni el papel que ha desempeñado en la difusión del rock, el punk, el ska y otros sonidos alternativos.

Pero la trayectoria de un festival no debería convertirse en un salvoconducto para pasar página sin dar explicaciones. La historia no borra las responsabilidades, y recuperar la independencia empresarial tampoco significa que las preguntas dejen de tener sentido.

Al final, el público también tiene memoria. Y quizá ha llegado el momento de que los grupos entiendan que quienes compran una entrada no solamente pagan por escuchar canciones. También pueden identificarse con unos valores, una manera de entender la música y una determinada forma de posicionarse ante lo que sucede en el mundo.

¿Los grupos hacen borrón y cuenta nueva con Viña Rock porque creen en esta nueva etapa o porque el bolsillo pesa más que los principios?

Esa es la cuestión. Porque defender unas ideas cuando no hay nada en juego es relativamente sencillo. Demostrar que realmente crees en ellas cuando hay dinero de por medio es otra historia.

Y mientras tanto, el público tendrá la última palabra.

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