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CRÓNICA DE MUERDO EN MADRID

Domingo 13 de diciembre, 21:00. Una larga cola con mascarillas despunta en una Gran Vía casi desierta. No hay rebajas: la gente espera frente al Teatro EDP Gran Vía para ver a Muerdo.

Muerdo en el Teatro EDP Gran Vía (Madrid)
Muerdo en el Teatro EDP Gran Vía (Madrid)

Adentro un escenario minimalista y de luz tenue, al que entran Iker García con la guitarra, Víctor Martinez a las percusiones y Pablo de Torres con el piano y los coros. La voz de Muerdo canta “Sendero de paso lento” mientras el murciano se acerca despacio por el pasillo central, hacia el escenario. Siguen una juguetona “Luz Natural” y un “No me quieras mal” especialmente reggae.Tras un inevitable recuerdo de su íntima unión con América Latina, sube Pedro Pastor para cantar “Oye, tengo que decirte algo”, donde se marcan unos bailecitos al tempo de miradas cómplices. “Tendré canciones” suena después de unas muestras de cariño y reconocimiento a quienes han trabajado con él, gestos que abundan en su directo.

Muerdo nos anuncia que para marzo del 2021 saldrá su nuevo álbum, y comienza a sonar “Invisible”. Tras ella, el cantante reivindica esa cultura que se sostiene gracias a los pequeños locales, hoy día cerrados, lugares que tanto tienen que ver con la identidad madrileña. En homenaje a ese Madrid de los bares que le adoptó en sus inicios, canta su canción “Volar”, la cual termina al grito de “¡cultura y libertad!”. “Claridad” comienza a sonar, seguida de “Yo pisaré las calles”, un tema dedicado al Chile heredero del allendismo, ese que sufrió a Pinochet y hoy pelea por su nueva Constitución. Después viene un hermoso homenaje a su mentor Luis Eduardo Aute, fallecido hace nueve meses. Emotivamente, Muerdo canta “Prefiero amar” (canción de Aute, versionada por el murciano). Lo hace desde las vísceras y con deje ondo. Sencillez y un afecto radical como elegía musical; un beso, una mirada al aire y un aplauso como gestos de cariño. Sin la banda, solo con su guitarra, el cantautor nos presenta su “De la Habana a Madrid”, en la que suspira sonidos de mar. Una voz entre el público le felicita su 32 cumpleaños, y después llega “Vas a encontrarte”, donde juega cantando con el público. Tras ella, maravillosa, suena “Lejos de la ciudad”. De entre el público, sale Mr. Kilombo para subirse al escenario a cantar “Canto pal que está despierto”. El público, que lleva tiempo roneando sus ganas de bailar, termina levantándose para moverse en el sitio. Una bola de luz empieza a circular por la sala. “¡Se prendió fuego!” dice Muerdo al acabar el tema, recordando sin embargo que ”todos sentaicos y con el vozal”. Su amiga Sandra Bernardo entra para cantar “Semillas”, canción que ambas aprovechan para alargar, animando al público con un “lo bueno pa aca, lo malo pa alla», que acompañado de un juego de brazos, se convierte en un ritual que parece que va a despedir el concierto, entre cantos y palmas. Aplausos, y el público pide otra. Muerdo y la banda salen para tocar “La sangre del mundo”. Estalla la euforia, y como pasa con la buena música, la gente pierde la cabeza. El público empieza a bailar, la bola de luz vuelve a moverse, y, como último giro, algunos espectadores se suben al escenario. Los responsables del teatro aparecen para pedir que el público baje, y lo hace en el acto. Sin abruptos sonoros, aunque sabiendo lo delicado de la situación, Muerdo dice , siempre bromista: “No ha habido ninguna ilegalidad, pero sí hay que pedir disculpas, yo como el rey: lo siento mucho, no volverá a pasar”, quitando hierro al asunto.

Muerdo en el Teatro EDP Gran Vía (Madrid)
Muerdo en el Teatro EDP Gran Vía (Madrid)

Como valoración general de quien nunca había escuchado en directo a Muerdo, diré que inicialmente me resultó un poco más empalagoso que en estudio, aunque quizás no fue cosa suya. De las butacas, emanaban gritos de “guapo”, “tío bueno”, “cásate conmigo” o “quiero un hijo tuyo”. Ni los Beatles vamos.
La verdad es que estas gracias generan un ambiente confortable. El cantautor es un cachondo, disfruta de lo que hace, afina mejor de lo que él mismo reconoce, y ofrece discursos que reivindican la alegría y la libertad. Sobre la fuerza de su música, hablan los hechos: la gente pierde la cabeza en un directo íntimo, suave y delicado, pero al mismo tiempo, divertido, optimista, y en buenas y necesarias vibras, satisfactorio.

Crónica por: Zule
Fotos por: Irene Lisón

 

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