Existe una creencia bastante extendida y un poco confusa en el ámbito cervecero: que las cervezas oscuras tienen más alcohol que las claras. Sin embargo, esto no es necesariamente cierto, ya que hay algunas que sí contienen más y otras que no. Pero lo cierto es que, el color de una cerveza no determina su graduación alcohólica. En realidad, lo que define el tono oscuro de una cerveza es principalmente el tipo de malta utilizada durante su elaboración.
El papel de la malta en el color de la cerveza
Durante el proceso de elaboración de la cerveza, uno de los ingredientes clave es la malta, que suele proceder de granos del cereal (cebada, avena, trigo y centeno) malteados. Dependiendo de cómo se tuesten esos granos, la malta puede adquirir distintos colores y aromas. Cuando la malta se tuesta más intensamente, adquiere tonos más oscuros que posteriormente se reflejan en el color final de la cerveza.
Por ejemplo, una cerveza elaborada con maltas tostadas o caramelizadas tendrá un color más oscuro, que puede ir desde el ámbar profundo hasta casi negro. Pero este proceso de tostado está relacionado principalmente con el sabor, el aroma y el color, no con la cantidad de alcohol.
Más color, más sabor… pero no necesariamente más alcohol
Las maltas oscuras aportan notas muy características al perfil sensorial de la cerveza. Dependiendo del tipo de malta utilizada, se pueden percibir sabores a café, chocolate, caramelo o incluso ligeros matices tostados y ahumados. Este perfil intenso puede llevar a algunas personas a pensar que también contiene más alcohol, pero esa sensación es simplemente una percepción del paladar.
La graduación alcohólica de una cerveza depende de otros factores, como la cantidad de azúcares fermentables presentes en el mosto y el trabajo de la levadura durante la fermentación. En otras palabras, el alcohol se genera cuando la levadura transforma esos azúcares en etanol y dióxido de carbono. Por tanto, una cerveza clara puede tener más alcohol que una oscura si el proceso de fermentación y la receta así lo determinan.
Ejemplos que rompen el mito
Existen cervezas muy oscuras con una graduación moderada, así como cervezas claras con un contenido alcohólico elevado. Un ejemplo claro serían: las Stouts y las Porters (oscuras), que resultan más suaves, frente a las Doble IPA o las Tripels Belgian (claras), que resultan más potentes. Esto demuestra que el color no es un indicador fiable del alcohol. El estilo de la cerveza, la receta del maestro cervecero y el proceso de fermentación son los factores que realmente determinan su graduación.
En resumen, que una cerveza sea oscura no significa que tenga más alcohol. El color oscuro proviene del uso de maltas más tostadas, las cuales aportan matices de sabor y aroma muy particulares. La cantidad de alcohol, en cambio, depende principalmente del proceso de fermentación y de la composición de la receta. Por eso, al elegir una cerveza, conviene fijarse en su graduación alcohólica y en el estilo, no únicamente en su color.
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