Josele Santiago le canta a las fuerzas vivas de ayer, de hoy y quizá de siempre en su último álbum; y a la España negra y profunda que persiste. Y a muchas cosas más.
Algunas de estas canciones eran en las que estaba trabajando cuando se le vinieron a la cabeza las que finalmente formarían parte de la vuelta de Los Enemigos en 2014 con “Vida inteligente”; por lo que quedaron relegadas para mejor ocasión, que fue en el pasado año 2017, cuando al fin vieron la luz. Seis años después de que publicara “Lecciones de vértigo”. Mucho tiempo. Pero sigue sin perder el pulso compositivo. Ni el nervio y la inspiración en lo que ocurre a su alrededor.

Abrió el concierto con “Prestao” (“prestao el nombre, prestao el pan (…) Sigue levantao el tejao bajo el que te escondes (…) Si volvéis, que nada os asombre”), del último disco, del que a lo largo de la noche llegó a interpretar nueve canciones, una amplia muestra de este trabajo cuya gira de presentación por primera vez no empezó en Madrid como venía siendo habitual en sus álbumes anteriores. Quizá tenga algo que ver que reside en Barcelona desde 2008.
La siguiente historia que nos relató fue en la que se cuenta que en el “Ovni viejo” , desde el que se vigila, solamente miente quien manda. Y es que las letras, marca de la casa, siguen siendo fragmentarias; fruto de un repaso que se ha dado a la historia completa de forma que queda lo justo para que pueda ser comprendido su significado después de varias escuchas o bien se preste a distintas interpretaciones.
Tras estas dos canciones nuevas vendrían otras dos del álbum anterior, “Lecciones de Vértigo”, a saber:
“Euforia” (“La historia ahora es tu novia (…) El miedo no cuenta (…) Ceremonias para tu momia”) y “Fractales” (“Un señor normal (…) pasando normal por un día más de plomo (…) Son decimales, son espirales, son animales…” )
La vuelta a terreno más conocido fue algo que agradeció la sala, que se encontraba llena. El público era tranquilo aunque la media de edad fuera algo inferior a la del artista. Entusiastas y asiduos seguidor pero calmados.

Hubo lugar también para la filosofía pura y dura con “Pensando no se llega a na”, un clásico de su segundo álbum. Es una delicia muy bien discurrida, que habla de una corriente muy seguida en esta época. Aplíquese donde proceda… Hoy en día abundan las ocasiones en las que hacerlo.
Vino a continuación un soplo de aire fresco con “Baila el viento”, una canción que desprende optimismo y rebosa alegría, algo poco habitual, aunque sólo sea en la música y en parte de la letra. Es casi jipi.
“Qué triste verse así, oigo decir… (“El Lobo”) Más tristes son ustedes, rodeados de paredes sin querer salir”. Sugerido casi lo suficiente para descifrar de qué trata la canción. O quizá no. Quizá son sólo pistas falsas, porque ni el propio Josele sabe de qué tratan; tan solo confiesa saber en lo que estaba pensando cuando las compuso.
No ha podido hacer la gira del disco con los mismos músicos que intervinieron en la grabación del álbum, pero ha conseguido el acompañamiento de una gran banda.
Estuvo tan lacónico en las introducciones de las canciones como es habitual. No en todas, como fue el caso de “Magia negra”, que interpretaron sin presentación.
Antes de empezar a tocar “Hagan juego”, una de sus canciones más aceleradas, que trata de las leyes no escritas del espectáculo, presentó a la banda.
Y llegó la parte folk, como el propio Josele la definió. Y se quedó en el escenario con la única compañía de Nico a la guitarra eléctrica. Si bien su carrera de cantautor está hecha a mayor gloria del rock, como dice mi directora. “Ángel”, una carga de profundidad, un virus que asola el mundo y puede producir un exterminio, fue el tema que abrió este paréntesis. Un ángel exterminador, sin duda, una bestia humana que sigue a rajatabla La Regla del Juego.

“Un Guardia Civil” fue la pieza que nos entregó a continuación. Una canción con tensión, que pone los pelos de punta, te deja la boca seca y el estómago revuelto.
Tras ella volvió el resto de la banda para interpretar “El bosque”, también de este disco que presentaba, y que fue la que sirvió de adelanto.
Volvió a “Garabatos” con “Farol”, canción con marcada presencia del piano de Luca y de la batería de Coque. De una atmósfera viciada a lo Tom Waits, en ella se cuenta una historia que desprende vapores de alcohol a altas horas de la mañana. Aunque, como en todas sus canciones, nada es lo que parece. Y a todo se le ha dado una vuelta de tuerca.
Le llegó el turno al ecologismo y la posverdad con “Que hable el sol”, seguida,
a ritmo de swing, por la historia del falso pescador, que únicamente finge que pesca (“El baile de los peces”): “Nadie sospechará de ti si creen que puedes molestar a un pez bailarín”. Una historia muy propia del imaginario del de Hortaleza.
Seguidamente nos habló de la boina que todos llevamos dentro (“Cachorrilla”). Luego sale o no, pero el caso es que ahí está. “Es la última boina y voy a llevarla yo”.
Con “Cómo reír” nos dio una clase gratuita de cómo medrar, reírle las gracias al jefe y trepar en la empresa. Como hacen ciertos personajes que no han crecido física ni mentalmente. Todo ello envuelto en una música burlona; circense.

El suave sonido del piano de Luca inició “Mi prima y sus pinceles”, seis minutos en los que habla de la prima que pinta puertas en todas las paredes y hasta del catecismo, ese catecismo…, tras la que dejaron vacío el escenario.
A la vuelta, Josele se limitó a decir: “Detrás de un guardia civil siempre hay un cura”, y así despachó la presentación de la siguiente canción. El bajo obsesivo de Mac y los sonidos chirriantes de la guitarra de Nico introdujeron “Saeta”, en directo sin el coro de voces angelicales que, por otro lado, no se echó en falta; nos hacemos idea igualmente. Mientras todo se consuma, en la cabeza de la víctima retumba la frase del agresor: “¿Qué pensáis los ángeles de dios?”
No deja de ser sintomático que el disco se llame “Transilvania”, tierra de vampiros… Y es que Josele no desperdicia una bala. Es lo que tiene ser un cantautor, que se asemeja al oficio de francotirador. Un francotirador que tira sin balas; y por eso no desperdicia ninguna y siempre da en el blanco.
La surrealista “Ole papa” cerró el bis, aunque Josele se marchó pidiendo al publico que aplaudiera más fuerte para que volvieran a salir al escenario. Como los espectadores eran muy obedientes así lo hicieron, y los músicos regresaron.
Después de explicar que tenían que estar afinando continuamente por el frío que hacía esa noche en Madrid, atacaron “Tragón”, también de su primer disco en solitario. Irreverente e iconoclasta. Y es que la música de Josele Santiago en solitario es más pausada pero sus letras nunca son más amables que las de Los Enemigos.
Acabó con “Loco encontrao” (“Me he vuelto loco encontrao, que estaba cuerdo perdío. Cosas que pasan tumbao agarrao.” (un enamorado)). Saludaron y, sin más, se fueron tras los acalorados aplausos del público.
En ese momento comprendí que aquel tipo enjuto y lacónico, en veintidós canciones y en poco más de hora y media, había dado un repaso a todo lo que ha sucedido o es digno de reseñar de los años que llevamos de este siglo.

Crónica y fotos por: Luis Miguel del Campo

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here