Presentado como el mayor evento anual que une rock y motor, el Garage Sound Fest tuvo lugar el pasado 14 y 15 de julio en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas Vaciamadrid al amparo de un puñado de sponsors y con bandas en su line up de la talla de The Darkness o Extreme.

Viernes 14 de Julio

Un enorme escenario y una considerable zona dedicada a exhibiciones y acrobacias de vehículos de motor configuraba el espacio dentro del auditorio reservado a la actividad del festival, al que entramos a eso de las cinco y media pasadas y en el que Neón Delta ya había comenzado. Como lamentablemente suele ocurrir en estos casos, la banda encargada de dar el pistoletazo de salida sólo contaba con la escasa audiencia de la prensa acreditada, lo que no suele ser demasiado estimulante pero tampoco supuso ningún obstáculo para dar rienda suelta a su fresco hard rock. «No hay Nada Mejor» o «Soy la Noche» fueron algunos de los cortes que tocaron de su álbum debut «Imparable», así como la versión castellanizada de «God Save The Queen» de los Sex Pilstols bajo el nombre de «Dios Salve Al Rey», y con el tema que da título a su disco se despiden con un cierto sabor agridulce por el escaso público que pudo ver la actuación. Vamos después a la zona de motocross, pues esta acoge una pequeña muestra de lo que son capaces de hacer los más jóvenes a las dos ruedas. Niños y niñas de diversas edades salieron con su moto a hacer un circuito con más dificultad del que pudiera parecer, mientras el resto mirábamos con curiosidad lo bien que se desenvolvían.

Los británicos Tax The Heat vienen después de la mano de un ligerísimo aumento de espectadores, se presentan con camisas estampadas y abotonadas hasta el cuello y sin el más mínimo rastro de sudor pese al calor insoportable. Un aspecto tan pulcro, cuidado y vintage como el rock and roll que nos ofrecen con canciones como «Animals», «Hightway Home» o «Fed To The Lions», que da nombre a su único larga duración hasta la fecha. Una actuación impecable que justifica que la banda haya participado en más festivales de renombre como la última edición del Donwload de UK. Habrá que serguirles los pasos. La conjunción musical de Shawn James & The Shapeshifters resultó ser considerablemente más pesada que la de sus predecesores ya que la profunda voz de Shawn consigue dar un groove genuino al resultado final que se obtiene de mezclarla con las melodías country de The Shapeshifters, las cuales brillan especialmente gracias en parte al vistoso violín que las acompaña. Los de Arkansas nos trajeron temas a tener muy en cuenta como «Hunger» o «Hellbound» y nos dejaron un regusto a rock sureño de lo más agradable.

Después nos fuimos a visitar la carpa que albergaba la muestra de coches de colección que se encontraba en el lado derecho del escenario. Toda una exposición de preciosas piezas, en su mayoría Chrevrolets, que sintonizaba muy bien con el último concierto de Shawn James & The Shapeshifters. Muy americano todo, vaya.

En cambio ahora nos quedamos en Irlanda del Norte con The Answer, de la que se pueden observar muchas camisetas entre el público y una palpable expectación. Especialmente grata actuación pues el calor ya había remitido considerablemente y nos permitía deleitarnos con el carisma de Cormac Neeson al micro y la pericia de Paul Mahon a las seis cuerdas. Blues rock hecho con corazón que nos mueve la fibra con «Thief the Life», de su magnífico último álbum «Solas», o la vibrante «Spectacular». Bajo una sonora ovación se despide la banda y asistimos entonces a la primera muestra de motocross extremo en el circuito habilitado para ello, dejándonos a todos ojipláticos con el catálogo de saltos acrobáticos que nos traían los tres intrépidos motoristas.

Viene entonces lo que para mí es el momento más esperado de toda la jornada (o incluso de todo el festival). The Darkness se presenta sobre las tablas con esa puesta en escena provocativa y, por qué no, glamurosa a partes iguales. Justin Hawkins aparece con un mono de vinilo azul eléctrico con la cremallera bajada hasta el ombligo y que ya quisiera Madonna poder lucir de igual forma. El resto de la banda no se queda atrás en singularidad y desparpajo pero el que verdaderamente despunta es Justin tanto en sus registros imposibles a la voz como con en sus vertiginosos punteos a la guitarra. Un auténtico showman que destila rock and roll por los cuatro costados. Abren con «Barbarian», de su último álbum «Last Of Our Kind» pero rápidamente se suceden los hits de sus trabajos «Permission to Land» y «One Way Ticket to Hell… and Back». Justin no pierde oportunidad de interactuar con el público entre canción y canción y tras un par de temas ya nos tiene en el bolsillo; su acento british nos encandila y su pose de auténtica rockstar sin aires de suficiencia nos enamora aún más. Para mi gusto el sonido está algo bajo, pues no puedo apreciar todos los matices en la voz, pero a su vez es limpio y nítido. Especialmente emocionantes son «Stuck in a Rut», «Gvin’Up» o «Friday Night» y con los clásicos «Get Your Hands off my Woman» y «I Believe In a Thing Call Love» nos acercamos irremediablemente al final del show. Tras haberse paseado entre el público a hombros del personal de seguridad mientras hacían un solo, Justin y compañía nos dicen adiós con «Love On the Rocks with No Ice».

Con una mezcla de desbordante ilusión y cierta consternación porque ya haya acabado el concierto, afrontamos el de Dios Salve a la Reina con más fe que convicción. Sin embargo nos llegan a convencer con clásicos como «I Want To Break Free» o «Bohemian Rhapsody» siendo sin duda su punto fuerte su estudiada performance.

Gracias al hardrockero heavy metal de los suecos Mustasch nos mantenemos en pie hasta el final de la jornada y disfrutamos con cortes como «Black City», «Mine», «Down in Black» o «I Hunt Alone» con la que se despiden dejándonos con ganas de más y mejor, si es que se puede.

Crónica por: Elena O.B
Fotos por: Pedro Bao

 

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