“-Sois una puta obra de arte-”. Recurro a las palabras que pronunció el amigo José Mellado, cuando subió al escenario para colabora con ellos, para describir a un grupo como Sex Museum, los cuales abrían este 2017 con una doble cita.

Sex Museum, es el típico grupAzO que por más que escuchas, nunca, y cuando digo nunca, es nunca en la vida, podré entender el por qué no están hasta en la sopa musical de cada día.
Treinta y un años llevan a sus espaldas, nacidos del rebufo de la movida y malasañeros de religión, los Sex Museum cuentan con más de 13 obras de arte en forma de Lp´s.
Hoy (por segundo día consecutivo) volvían a colapsar, ese céntrico sótano por excelencia, su querida sala el Sol.

Lo primero que nos sorprende (bueno lo segundo, lo primero es el precio de la cerveza…) La disposición escénica… DOS BATERIAS!!!!!!!!! El amigo Loza, (para mi humilde opinión, uno de los mejores baterías patrios) iba a ser acompañado por Jota Armijos (Ex Batería de los Museum).
“-VENGAAAAAA!!!!. Esta gente no se cansa de dejarnos alucinados-“, pensé yo.
Si amigos, así fue, iban a tocar dos baterías. A mí personalmente no me sorprende nada que haga Sex Museum… Simple y llanamente me limito a alucinar cada vez que les veo.
Y en ese plan escénico a lo The Mothers Of Invention, suena la intro, y sin querer, se me viene a la cabeza la idea de que en cualquier momento iba aparecer Frank Zappa.
Con “Seven days” comenzaba el espectáculo mayúsculo, la musicalidad de los hermanos Pardo (Miguel voz solita, Fernando guitarra y chascarrillos varios), la solidez de los amigos Loza (batería) y Vacas al bajo, unida a la endiablada armonía de Marta Ruiz (órgano Hammond, teclados y secuenciador) hacen que este grupo sea (posiblemente) de los mejores del panorama en directo.

La noche iba a ser larga, más de dos horas y un pico bien grande, que a mí se me pasaron como si fueran dos canciones. Sonaron joyas de estos treinta y un años del grado de “Motorbiking”, “Two Sisters”, “Can you stand my love”, “Wassa Massa” o “Black Mummy” entre otras perlas.
La noche se teñía con tintes salvajes, psicodélicos y tremendamente épicos. La muchedumbre que abarrotaba, por segundo día (alguno repetía), la sala el Sol, se lo estaba pasando en grande y más, cuando suenan las versiones que esta banda a título de homenaje interpreta. Es difícil mejorar “Fight for your right to party” de los Beastie Boys o como ellos llaman «Smoke on the party», pues no es que la mejoren, si no que la dan un rollo tremendo a lo Purple, (ojo no intentarlo en casa, solo los genios hacen cosas así). También se tocaron el “Minessota Strip” de los Dictators y como no, cuando visitas este Museo, es obligatorio oír el “Have love will travel” de los maestros, en esto de sorprender a la gente, los Sonics y para acabar el ciclo de versiones, no podía falta el “Unidos” de Parálisis Permanente con la colaboración y la arenga continua, del anteriormente nombrado, José Mellado. Impresionante el tándem bateristico; Loza VS Armijos, Armijos VS Loza, uno en modo apisonadora y el otro a soltar sutilezas con las baquetas, a base de multiplicar ritmos, de mega/doblar redobles, abrir platos… etc… entre otras piruetas. En global, curradisimo y ensayadisimo el espectáculo, dejando el protagonismo necesario a la voz. La cual, en ciertos momentos, excesivamente alta en cuanto a volumen se refiere, en primera fila, dato salvable al tener dos baterías.

Ante tal espectáculo mayúsculo, lamentablemente tocaba ir acabando, sonaba el
“Red Ones”, seguido del “Let’s Go Out” y el himno “I’m falling down” para pasar al siguiente bis, terminando la noche con “Flying high” como broche final. Pero esto amigos no acababa aquí, tocaba la enésima genial locura de Sex Museum una Jam de la sección instrumental, el amigo Fernando, entre ocurrencia y chascarrillo, hizo improvisar a la banda un final a la medida de la cita.
Me quedo con la elegancia de unos tipos que no han inventado nada, pero han mejorado mucho un estilo queridísimo a la par que castigado y hostigado, que lo peor tienen, es que son de aquí, puesto que si hubieran nacido en otra parte del mundo, lamentablemente, llenarían estadios como mínimo.
Pero treinta y un años después, me da que nada podrá con los madrileños, si Sex Museum no fueran de Malasaña, no serían lo mismo. El barrio de Malasaña antes de la ocupación Hipster, la habitaban tipos así, rudos, tipos de r’n’r, del bar El Palentino, el de toda la vida, de los que se toman la música a vida o muerte… ¿Acaso hay otra opción?
Larga vida a este Museo del Sexo, a esta manera de hacer música como pocos pueden imaginar.

Crónica y vídeo por: A. Makeda
Fotos por: Luis Miguel del Campo

 

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