martes, enero 18, 2022
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CRÓNICA DE SANTERO Y LOS MUCHACHOS EN MADRID

El pasado 11 de diciembre visitamos la sala Mon en Madrid para ver por primera vez en concierto a Santero y Los muchachos.

El amor de esta banda por los directos y el incansable trabajo de llevar su música por todos los rincones del país se materializaba con una Mon repleta de seguidores entregados. En estos tiempos en que reinan los «triunfitos» (dícese de aquel o aquella que cosecha éxito de manera repentina dando especial importancia a la imagen y lo superfluo), da gusto ver a un grupo como Santero y Los muchachos. En primer lugar porque han conseguido desarrollar un concepto musical muy propio, ligado con una estética elegante pero descuidada, como si fueran viajeros de la generación beat, cansados pero con esperanza.

Presentaban su nuevo disco «Cantina», un álbum corto e intenso, de 8 canciones y apenas media hora. Llamó mi atención Carretera del saler, un tema sosegado que genera imágenes imborrables, con una influencia folk sin caer en el tópico.

A pesar de su reciente salida el público acompañaba a coro la primera canción del disco, Qué voy a hacer, con un toque naif muy agradable y de nuevo con el sello marcado a fuego de esta banda con experiencia.

Santero y los Muchachos en Madrid
Santero y los Muchachos en Madrid

Que fuera la ceremonia inicial para este nuevo trabajo no hizo que dejaran en el tintero algunos himnos más antiguos, incluso algunos que ya tocaban con su banda previa a Santero y Los Muchachos, La Pulquería, de corte mas hardrockero que la actual agrupación, clara adalid del rock cincuentero, orgánico y reposado.

Sonaba «Estamos Bien», coreada casi al nivel de «Ventura», su tema estrella que ya casi suma un millón de escuchas en Spotify, buena cifra para una banda alejada del hit radiofónico. Valoramos también su cuidado por la elección de instrumentos. Cambiaban constantemente de guitarras, acústicas y eléctricas, buscando la más adecuada para cada canción, y Miguel Escrivá, vocalista de la banda, llevaba en sus manos un bajo eléctrico que cambio al final del bolo por un contrabajo de madera oscura, cuyo sonido y presencia acabó por transportarnos a una fiesta en un pub del sur de estados unidos. Y nosotros, que no somos tendentes a comprar merchandising, nos llevamos una camiseta de la banda para no olvidar la maravillosa tarde que nos hicieron pasar.

No dudaremos en volver a disfrutar de esta experiencia, su Rock reposado nos conquistó y ya esperamos la siguiente ocasión para volver con más ganas aún, y su último disco un poco más aprendido.

Crónica por: Gisme
Fotos por: Coque Fernández

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