El mago de las palabras, harto de ver en lo que el mundo se había convertido, decidió abandonar su retiro y tomar cartas en el asunto. Y se sacó de la manga una obra maravillosa donde, burla burlando, les canta las cuarenta a más de cuarenta, y a algún otro, de forma brillante, clara y transparente a poco que uno se tome la molestia de escucharlo detenidamente.

Y, enfundado en un traje blanco, decidió propagarlo por los siete mares.
Llegó a Madrid. Como se comentaba que su espectáculo era una vuelta a la década de 1970, me puse mis pantalones de pana –eso sí, de canutillo fino- y me fui a verle al Palacio de los Deportes de antaño, que ahora lo llaman WiZink Center.
Y sí, después del inicio por parte de los teclados de “La ceremonia de la confusión”, apareció él con el traje blanco inmaculado -que siempre ha sido símbolo de pureza- del que tanto se ha hablado y añadió su voz a la música que de forma exquisita estaba tocando su banda.

Hizo alguna pose a lo John Travolta en “Fiebre del Sábado” y es evidente el guiño al glam en “La actitud correcta”, que fue la siguiente canción que acometieron antes de pasar a tocar “Hijos de Caín”, tercer tema del concierto. Hasta aquí
las canciones y el orden en el que nos las había presentado se correspondían justamente con “Expectativas”, el disco que presenta en esta gira.

A continuación varió el rumbo, con canciones correspondientes a sus anteriores trabajos en solitario; y de la etapa de Héroes del Silencio: cinco nada menos.
Entre tanto interpretó “Parecemos tontos” y “La constante”, también de su último trabajo, y pudimos ver que la espalda de la chaqueta blanca, al igual que los teclados, tiene una marca roja, como una equis. Como si estuviera marcado también él…
¿No será que con esto del glam y el traje blanco a lo John Travolta nos quiere decir que, después todo, hemos estado dando vueltas para volver al mismo sitio? Como en un carrusel.

Como quiera que sea, Enrique Bunbury sigue avanzando con paso firme y merece todo el éxito posible con su disco y en su gira, por su valentía al no instalarse en la comodidad de haber hecho un trabajo más insípido y amable con el que igualmente hubiera conseguido gran éxito.

Crónica y fotos por: Luis Miguel del Campo

 

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