Con un cartel de esos que, sobre el papel, ya prometen entretenimiento: Astray Valley para abrir con metal moderno y atmósfera oscura, Axsel para romper esquemas con un giro inesperado y Megara.
A eso de las 20:30 salían Astray Valley, una de esas bandas que encajan bastante bien en esa etiqueta de metal moderno. Riffs pesados, atmósferas oscuras y un punto narrativo que hace que sus canciones no se queden solo en el impacto, sino que también busquen meter al público en una especie de pequeño universo propio.
Había intención, sonido compacto y una banda bastante consciente de cómo construir ambiente. “Opium” abrió el set con ese aire denso y potente que tan bien les funciona, abordando el tema de las adicciones. Fue un arranque serio, contundente y muy útil para poner a la sala en situación.
Después llegó “Darkest Times”, que reforzó esa sensación de que Astray Valley se mueve especialmente bien en terrenos sombríos, combinando melodía y tensión con bastante naturalidad. Ahí se notó también una de sus bazas más interesantes: el contraste entre voces melódicas y guturales, que en directo da bastante juego y evita que el repertorio caiga en la monotonía.
Con “Synthetic Heart” apareció además ese componente conceptual que hace su propuesta más atractiva. El tema, centrado en las emociones artificiales, encajaba muy bien en esa mezcla de modernidad, oscuridad y dramatismo que define buena parte de su sonido. Fue uno de esos momentos en los que la banda dio la sensación de tener una identidad bastante clara, algo que siempre se agradece.
En resumen, Astray Valley firmaron una apertura muy sólida.
Mientras se preparaba el escenario para Megara, llegó uno de los momentos curiosos del concierto. Axsel, hijo de Rober, guitarrista de Megara, subió al escenario para presentar su propuesta musical, bastante alejada tanto de Astray Valley como de la banda principal.
Lo suyo va por un pop urbano (más cercano a nombres como Hens o Pole,) además. Axsel supo conectar con el público con naturalidad y sin ponerse en plan “a ver si me aceptáis”, que suele ser el mejor camino para meterse a una sala en el bolsillo.
Temas como “Rómpeme”, con bastante ritmo y energía, y “Para no olvidarte” demostrando que tenía energía y actitud para defender algo tan distinto delante de una audiencia que, en principio, no venía precisamente a eso. Y eso tiene bastante mérito.
Megara, que a estas alturas ya juegan en esa liga en la que no basta con tocar bien: hay que montar un show. Y vaya si lo montan.
Con bailarinas en el escenario, estética futurista y toda la temática girando alrededor de su nuevo trabajo, 4ÑO C3R0, la banda apostó por ese universo de inteligencia artificial, robots y distopía pop que tan bien encaja con su propuesta visual y musical.
El concierto arrancó con “Karma”, perfecta para abrir fuego y poner a todo el mundo en marcha desde el minuto uno. Luego llegaron “13 Razones” y “Bienvenidos al desastre”. Si algo tiene Megara, aparte de temas pegadizos y una energía escénica envidiable, es sentido del espectáculo y en este tema lo demuestran muy bien, llevandonos al mundo de Alicia en el País de las Maravillas, escenificando la canción, y donde Aria acabó rompiendo la mesa que sacaran a escena, reímos con su broma correspondientes sobre el presupuesto, en una escena que resumía bastante bien su filosofía: si algo puede hacerse más exagerado o más divertido, adelante con ello.
El repertorio fue avanzando con “Estanque”, “Hocus Pocus” o “Saturno” que fue otro de los puntos fuertes, creciendo mucho en directo y dejando uno de esos momentos en los que la parte más emocional y la parte más intensa de la banda se encuentran bastante bien.
Hubo también espacio para mencionar a Bruce, productor del disco, que había venido desde Escocia, y para un momento bonito con el regalo de Kenzy a Rober, que rebajó por un instante la locura general para dejar una pequeña escena más personal.
Por supuesto, sonó “11:11”, el tema con el que irían a Eurovisión representando a San Marino, recibido con entusiasmo por una sala que lo celebró como tocaba. Tampoco faltó «Arcadia», que también postularon para el festival, presentando ambos temas en el Benidorm Fest. Y en la recta final, “Vértigo” y “Oniria” terminaron de dejar al público completamente dentro.
Mención aparte merece el momento en el que explicaron a los niños cómo hacer un circle pit usando como referencia un corro de la patata, y si, solo Megara podría tener esta ocurrencia de ponerse a girar todos en corro sobre el escenario, para que los más pequeños viviesen un momento tan auténtico y así recordar que los menores de 14 años entran gratis a sus conciertos.
Megara sigue siendo una fórmula que funciona muy bien: canciones que entran fácil, una estética muy reconocible, humor, cercanía, baile y esa sensación constante de que en cualquier momento puede pasar cualquier cosa.
Crónica y fotos por: Marta GPaniego
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