Largamente anunciado y presentado como algo más que un concierto, un espectáculo de música, teatro y danza, Stravaganzza vuelve tras siete años de vacío (el mismo que nos dejó a todos sus fans) y lo hace con una serie de exclusivos recitales entre los que tuve la suerte de asistir al de la capital. Bajo el nombre de “El Regreso” este tour propone la vuelta a la palestra de la elegante y sugerente banda liderada por Pepe Herrero y Leo Jiménez y además lo hacen sin nuevo material en el mercado, conscientes de que sus cuatro discos editados aún tienen mucho que ofrecer en el calor del directo y más aún en el caso de su último álbum “Raíces” del que no llegaron siquiera a hacer gira.

Tras una apertura de puertas anticipada (pues había mucha tela que cortar) pudimos entrar a La Riviera a eso de las siete y media de la tarde y justo una hora después escuchábamos la intro del “Primer Acto” y veíamos como poco a poco el escenario se colmaba de artistas. Un coro compuesto de dos voces femeninas y dos masculinas se situaba a la derecha, y a la izquierda una sección de cuerda formada por un cuarteto de violines que junto con un numeroso cuerpo de baile daban vida a todo aquello. Huelga decir que cuando aparecieron sobre las tablas Leo, Pepe, Patricio y Carlos, junto con su nuevo guitarrista Miguel Ontiveiro, ya estábamos todos sin aliento ante tal performance. Nos acabamos de sumergir en este viaje por la discografía del grupo con “Dios”, tras la cual la sala se cae en aplausos, continuando con “…Y en Soledad Me Lamento”, la que se ve envuelta en una bella coreografía. Estamos asistiendo a la resurrección de un Ave Fénix. Somo Stravaganzza. Nos dice Leo visiblemente emocionado. Brillan especialmente los violines y la guitarra de Pepe con los arabescos de la compleja “Mi Tempestad” y tras un épico interludio da comienzo el segundo acto, Sentimientos. Personalmente mi álbum favorito, no es de extrañar entonces que “Pasión” sonara verdaderamente sobrecogedora con semejante ambientación, no siendo menos “Desilusión” o la oscura y pesada “Dolor” y sus grandilocuentes coros junto con unos agudos imposibles de Leo. Y ahora al piano el maestro; Pepe Herrero ocupa momentáneamente el papel de teclista para recrear la pieza final del álbum.

Llega después otro highlight con el intenso y conocido sonido de piano que anuncia “Hijo de La Luna”, dedicándonos así la que probablemente sea la mejor versión que se ha hecho de esta canción hasta la fecha. Una auténtica maravilla. De nuevo otro interludio nos transporta al “Tercer acto: Requiem”, donde aparecen un grupo de bailarinas hermosamente vestidas de luto recreando el dolor que conlleva el duelo tras la pérdida… Escuchamos “Deja De Llorar” y “Grande”, dedicada al gran Big Simons, y después la absolutamente exquisita “Máscara de Seducción” en la que una bailarina con un bodypainting espectacular da vida al enigmático personaje del que se habla en este tema al son de los violines y los desaforados golpes de bombo de Carlos Expósito. “Requiem” suena igualmente soberbia, con seis bailarinas vestidas al estilo victoriano en blanco y negro y portando cuadros donde aparecen escritos los epitafios de grandes figuras femeninas de la literatura universal. “Inmortal” remata el recorrido por el tercer acto y entramos ya en el cuarto y definitivo con “Raíces”, sin perder en ningún momento ese aura mágica y teatral que nos ha acompañado desde el principio. En este último álbum observamos un tono menos oscuro y melancólico que en sus predecesores, también unas melodías más directas y accesibles. Podríamos decir en términos muy generales que suena menos gótico y más metalero con canciones como “Cuestión de fe” o “Sin Amar”, la que en palabras del propio Leo es probablemente el corte más bonito de todo el disco. Para “Impotencia II” sale como contrapunto Mero Mero, el vocalista de Cuernos de Chivo, que alterna sus feroces guturales con la voz limpia y brillante de Leo. Con “Un Millón de Sueños” y “Raíces” finaliza la enorme obra coral que dio comienzo casi dos horas antes y que daba vida de un modo conceptual a toda la discografía de Stravaganzza.                                      Los bises vienen en forma tan arrolladora como sorpresiva. El grupo se echa a la espalda nada más y nada menos que una cover de “Sobreviviré” de la diva Mónica Naranjo y una de “Ya No Puedo Más” de Camilo Sesto, apoyada por una orquestación oscura y pesada que resultaba totalmente maravillosa. No hace falta ser tan duro para ser metalero, nos dice Leo, y es verdad puesto que disfrutamos de aquellos temas como enanos. Y ahora sí que sí, ponemos el broche final a un show sin pega, impecable tanto a nivel técnico como artístico, pero con notables ausencias en el setlist como “Miedo” o “Impotencia” que no hacen más que dejarnos con el hype a medio gas hasta la próxima vez que volvamos a ver a la banda.

Crónica por: Elena O.B

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