A final de año se cumplirán cuatro décadas de la primera vez que Loquillo actuó en público, en la sala Tabú de Barcelona. Y en el mes de septiembre empezará la gira por ese motivo, denominada “40 años de rock and roll actitud”. La única fecha en la que se le podía ver este año en la Comunidad de Madrid era esta, la de Cultura Inquieta de Getafe. Para tal acontecimiento la organización preparó un cartel muy atractivo.

Abrirían la jornada Desvariados, cuando todavía era de día. Tienen dos discos, que en realidad es uno del que se ha hecho una reedición especial en la que destacadas figuras del rock and roll estatal cantan en casi todas las canciones. Abrieron su concierto con “Desayuno fuerte”, que precisamente es la canción que abre los dos discos que, por cierto, se titulan “Café Caimán”. “La chica de Dylan”, su tema más notable y conocido, lo ofrecerían en tercer lugar.
Han adquirido muchas tablas en estos dos años que llevan presentando el primer disco y se les notan los progresos de una actuación a otra. Su cantante, Adri, no para de moverse y hacer vistosas poses con su guitarra. Por hacer, hizo hasta un lance con su brazo que, ante la estupefacción de todos, tuvo que explicar que era debido a que estábamos en San Fermín. En “Mamá, me quiere matar” dividió al público en dos zonas y a cada una le encomendó cantar una parte del estribillo.
El bajo sonó muy limpio en “Camina solo” y Adri en un momento determinado introdujo la morcilla de “Entre dos tierras” de Héroes del Silencio, aquella parte en la que se dice: “que yo no tengo la culpa de verte caer…”
También, esta vez entera, tocarían una versión de “Adiós, papá”, de Los Ronaldos. Entre las nueve canciones que ofrecieron además estuvieron “Ésta es para ti” y “Escúpeme”. Y resultaron una gran forma de que el público fuera entrando en situación con su rock and roll urgente y guitarrero.

Si bien el inicio de Nat Simons sería bastante rockero, dentro de su estilo, claro, quizá para no desentonar demasiado con la música de Desvariados que acabábamos de escuchar, en conjunto resultó una inflexión pausada en el camino que llevaba hasta Loquillo. Presentaba «Lights», publicado este año 2018 y producido por Gary Louris.
En la tercera canción su música se haría más country, más relajada e íntima. Es una persona -y tiene una voz- sensible y delicada, que se indigna con las noticias del mundo; lo que le lleva a componer canciones como “People”, según explicó antes de cantarla. Este tema se ha lanzado como sencillo del nuevo álbum. “Venís de hacer el mal para empezar a querernos y amarnos”, añadió.
Nat fue alternando la guitarra acústica con la eléctrica a lo largo de toda su actuación. Además tocaría la armónica en “Lullaby”.
Hubo un momento en que Nat, bajista y guitarrista se juntaron en un lateral del escenario a tocar. Había conexión entre los músicos y eso se notaba.
La acompañaron Chema Moreno (bajo), Alex Riquelme (batería), Dani Álvarez (guitarra) y Elena (coros y percusión).
Fue una lástima no escuchar “Another coffee and cigarrette day”. Sí sonarían
“Big liar”, “No one compares”, “Happiness” y la fantástica “Endless summer road”.
A partir de “Learning to fly” (sencillo del primer larga duración) la iluminación se hizo más intimista; con unos rojos desgarradores por momentos. Teniendo mucho relieve la parte instrumental.

Después de este remanso de placidez quedó todo dispuesto para la aparición de Loquillo y su banda.
Salieron de forma arrolladora. El primero, Lauren Castellet; golpeó con furia la batería antes de que apareciera el resto de la banda tocando “Rock and roll actitud” en su versión de este 2018. Loquillo, nada más salir, dio una patada al pie de micro para levantarlo del suelo y jugar con él. Empezaba el espectáculo y la infinidad de poses rockeras que nos ofrecerían durante toda su actuación. Algunas más vistas que otras.
Después de “Pégate a mí”, “Línea clara”, “Territorios libres”, entre otras, salió Nat Simons a cantar “Cruzando el paraíso” junto a Loquillo. Se la veía muy frágil frente a la corpulencia de El Loco. Si bien al principio estaba algo cohibida, sin acercarse demasiado a él, al poco acabarían a una distancia razonable desde la que cantaron juntos esa canción de la que unos años atrás el barcelonés hizo el dueto con Johnny Hallyday.
Ya dejó claro en la rueda de prensa de presentación de la gira que ha llegado donde está porque siempre se ha rodeado de los mejores; entre otros quienes han ido entrando y saliendo de la banda según iban variando sus relaciones con él: Sabino Méndez, Jordi Vila, Jaime Stinus, Mario Cobo… sirvan como ejemplos. Este último entró tras la salida del tercero y la disolución de Nu Niles y todavía sigue con él. Con alguno de los que se fueron, como Sabino, ha vuelto a mantener relaciones cordiales. Con otros no.
Seguramente para cuando comience la gira propiamente dicha habrá cambios en el repertorio, pero esa noche también sonarían “Por amor”, “El rompeolas”, “Cuando fuimos los mejores”, “Besos robados” y “Carne para Linda”. En varias ocasiones tanto los guitarristas (Josu García, Mario Cobo e Igor Paskual) como Alfonso Alcalá (bajo) se adelantaron hasta la primera línea del escenario para tocar allí alineados, mostrando de forma gráfica eso de que una banda de rock es como una pandilla de barrio.
Porque otro de los momentos que no faltan en cualquiera de sus conciertos es que cuando está sonando “El ritmo del garage” Loquillo baja al foso para cantarle al público cara a cara y contemplar a su banda desde allí; con tiempo para volver a cantar de nuevo sobre las tablas y decirle a la enloquecida asistencia: “Tú tienes tu banda de rock and roll. Y ¿quiénes son? ¡Nosotros!”.
En “El rey del glam”, canción original de Alaska y Dinarama, Igor Paskual se puso una boa roja al cuello e hizo la voz solista. Y es que Loquillo sigue reivindicando a sus amigos, a pesar de sus trayectorias o de su mayor o menor popularidad rockera.
Tampoco se contiene ni se ha contenido nunca a la hora de criticar a compañeros de profesión a los que no traga o no ha tragado nunca como Miguel Ríos o Nacha Pop. O a reconocidos presentadores de la televisión musical como fue Ángel Casas. Sigue siendo el mismo de siempre, para bien o para mal (estructura de pensamiento que ya dejó reflejada en “Línea clara”). A propósito, “Memoria de jóvenes airados”, fue la siguiente canción. Y en ella Igor Paskual y Mario Cobo apuntaron sus guitarras al cielo mientras estaban tocándola. Otra pose.
En el bis, único pero muy largo, empezarían con “El hombre de negro”, a la que seguiría la popular “Quiero un camión”, la cual acabaría con golpes de piano y palmas del público siguiendo el ritmo y cantando con Loquillo.
Perdió la voz en “Esto no es Hawai”, que Jesús Ordovás eligió como sintonía y título de su prestigioso programa de radio en el cual empezó a descubrir a los nuevos grupos estatales de los primeros años ochenta, y que fue una de las canciones que hizo que el hijo de El Artillero saliera del Agujero sin tener que hacerse astronauta. La recuperaría para la siguiente: “Rock and roll star”, un sueño adolescente cumplido.
La pérdida de voz seguro que fue algo que no preocupó a su club de fans que había venido desde Zaragoza para verle, a las doce de la mañana ya se había plantado en Getafe y poco antes de la apertura de puertas del recinto cantaba “soy un novio de la muerte”, en lo que claramente se trataba de una broma muy de espíritu de provocación ochentera que quizá hoy chirría a muchos más. Y es que entonces había una urgencia por la burla a lo que tanto había hecho sufrir en el pasado reciente. Actualmente se califica a menudo demasiado fácil e injustamente a alguien como fascista o terrorista, dependiendo del cristal nacionalista con el que se le mira. Y a Loquillo le han tildado de las dos cosas. Precisamente a él, que tiene una visión de la vida nada nacionalista y nunca lo ha ocultado. Bastaría con haber escuchado “Piratas” o “El año que mataron a Salvador” para saberlo. Claro, que a Loquillo, que “hizo surf sobre la cresta de la ola de la modernidad de la Movida madrileña mientras volaban cuchillos a su alrededor”, eso le debe de dejar tan fresco.
Tampoco les debe de importar esta cuestión a las chicas de Valdemoro que fueron a verle embargadas de emoción; ni le molestará a ese señor de Murcia que se desplazará a su concierto cuando allí llegue la gira. Hay artistas que transcienden lo convencional y se convierten en símbolos. Porque muchas de las canciones de Loquillo se han convertido en la banda sonora de una o varias generaciones. Está celebrando toda una trayectoria de nada menos que de cuarenta años. Ya habrá tiempo para hacer un nuevo gran álbum como “Balmoral” cuando acabe esta gira. O eso esperamos todos…
Seguirían con “En el final de los días” y “Feo, fuerte y formal”. Quedaba por escuchar “Cadillac solitario”, todo un himno que refleja la urgencia de abandonar el barrio que te aprisiona, compuesto por Sabino Méndez y también incluido en “El ritmo del garage”, ese disco que hizo con Trogloditas para Tres Cipreses, uno de los sellos independientes que ilusionaron al principio de los años de 1980, poco antes de que la línea que separara la independencia del negocio real se hiciese muy fina y de que “La Movida se convirtiera en un espectáculo circense” y saltase por los aires.
Ahora que hay mucha gente que cree que la buena música no apareció hasta que ellos nacieron, ¿cuál es el futuro que le espera al rockanroll frente al auge del indie, del trap, del rap, del reguetón…? Ya lo canta Johnny Cifuentes en el último disco de estudio de Burning: “Ahora sé que el rock and roll sólo nos gusta a ti y a mí…” Aunque vista la cantidad de público que esa noche abarrotaba el recinto de Cultura Inquieta, no parece que sea muy cierto en este caso.

Bien conocida es la fantástica relación que siempre ha tenido Loquillo con Burning, tanto que con frecuencia suele incluir en sus conciertos “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?” No sería con ésta, sino que cerrarían la noche con “En las calles de Madrid”, con su homenaje explícito a Pepe Risi –quien caminó siempre por el lado salvaje de la vida-, que fue cantada masivamente por el público.

Pero otra pregunta sigue en el aire: ¿Dónde estabas tú en el 77?

Crónica y Fotos por: Luis Miguel del Campo

 

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