El jefe del punk estadounidense de finales de 1970 y de la década de 1980 estuvo en la primera mitad del mes de julio en España. Empezó por Madrid, en la sala Copérnico, el día anterior a actuar en la sesión de bienvenida del Resurrection Fest. de Viveiro; días después estaría en Vitoria, Barcelona y cerraría sus conciertos en Gran Canaria; acompañado en todos ellos por The Guantanamo School of Medicine.

Para su concierto en Madrid no pudo tener unos teloneros más adecuados que Mad Punk, un combo formado por integrantes de tres de los grupos pioneros del punk madrileño: Espasmódicos, Larsen y TDeK.
Estos tocarían las canciones más representativas de los tres grupos. El repertorio interpretado fue de “Días de destrucción”, el clásico de Espasmódicos con el que abrieron, a “Enciendes tu motor”, también de Espasmódicos –con la que acabaron-, pasando por “Nacido de la pota de un punk” y “Fontera francesa”, de Larsen y cantadas por José Luis Salcines como si fueran suyas.
Además harían una versión del “Drug me” de Dead Kennedys, la cual conocen muy bien J Siemens y Manuel Pilarte, pues la llevan casi siempre en su repertorio Espasmódicos-TDeK, y la titulan “Drógate”.
Otros temas con los que la parroquia se fue animando y empezando a calentar motores para pogos posteriores serían: “Soy cruel”, “Serafín”, “Anda, tía, vete a cagar”, “1943” (muy oportuna en estos tiempos que corren), “Carne picada”, “Interrogatorio”, “La farmacia de mi barrio”, “Lucha contra el tecno”, “El payaso”, “Vomitas sangre”… Todas ya míticas por ser muchas de las que encendieron la mecha del punk en Madrid.

Una vez hubieron acabado, la sala se encontraba llena y esperando con ansiedad la actuación estrella de la noche.
Primeramente saldría la banda, para que Jello Biafra hiciera una aclamada entrada posterior, como las grandes estrellas.
A sus sesenta años justos se conserva bastante bien. Con algo de sobrepeso y con falta de pelo pero en líneas generales soporta bien el desgaste que siempre se derrocha al cargarse un concierto de punk a tus espaldas día tras día, año tras año.
Afortunadamente no hizo un espectáculo de spoken word como en otras ocasiones, sino que se limitó a ofrecernos algunas de sus innumerables canciones.
Al igual que suele siendo habitual en sus conciertos recientes empezaría con “Satan´s Combover”. Salió cargado de ropa, incluso gorra, de la que rápidamente iría despojándose, debido al calor del mes de julio, hasta quedarse tan solo con una camiseta negra en la que ponía: “Nazi Trumps fuck off!”.

El público conocía sus canciones más recientes como “People with too much time..”, “Pentagram pajama party”, “A boring day…”, No more selfies”; y hasta las cantaban, pero se volvió loco cuando tocaron “California über alles”, el clásico de Dead Kennedys en su versión del siglo XXI que Jello Biafra grabó con The Melvins. Tanto se aceleró el cotarro que recibí un zapatazo en la boca al tirarse sobre el público un espectador que acababa de subir al escenario. Afortunadamente no pasó de ahí la cosa. Bueno, zarandeos, empujones y golpes de los pogos que se montaron siguió habiendo durante todo el concierto. Como no podía ser de otra forma.
“Teaparty revenge porn” sería la siguiente canción. Y hasta que volviera a aparecer otro tema de Dead Kennedys, que sería “Police truck” –que no es una de sus canciones más conocidas- nos ofrecerían “Ghost of Vince Lombardi”, Let´s go stare at bloody dead people” y “Last big gulp”. Como todas las canciones de Jello Biafra no son piezas cortas de punk sino que tienen tanto su música como la letra extensamente desarrollada. Precisamente eso es lo que siempre ha caracterizado y diferenciado a Jello Biafra de los demás: la calidad de las letras de sus canciones. No dejan de ser directas, pero con elementos irónicos, satíricos y demoledoramente cáusticas. Y muy elaboradas.
Decir que Jello Biafra no paró en ningún momento de moverse por el escenario, interactuar con el público de las primeras filas a quien en innumerables ocasiones les tendía el micrófono para que cantaran, utilizar el pie de micro como si de una barra de alterofilia se tratara, gesticular en todo momento y hasta lanzarse sobre los espectadores.
Tras “Pets eat their master” y “Happy birthday” abandonarían el escenario.
Habría dos bises. El primero empezaría con “Taliban USA”, para hacer estallar la sala a continuación con “Holiday in Cambodia”, otro de los grandes clásicos de DK. Al que, para rematar, seguiría “Nazi punks fuck off”, una muestra más de la etapa dorada de la banda californiana.
Volverían. Volverían a salir ante la insistencia del público. Para cantarle “Too drunk to fuck” subió al escenario a una chica, quien estuvo más bien cortadilla hasta que, ya de vuelta, se lanzó sobre el respetable.
Acabarían con “Crapture”, después de hora y veinte minutos de concierto. Una lástima que no tocaran “Love me, I´m a liberal”. Nada es perfecto.

Crónica, Fotos y Vídeo por: Luis Miguel del Campo

 

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