Viernes 23 de Junio

Nos levantamos con la buena noticia de que gracias a la FACUA se puede entrar al recinto con botellas de agua, cosa que el día anterior no era posible, viendo así aumentadas sustancialmente nuestras posibilidades de sobrevivir a base de algo más que cerveza a cuarenta grados a la sombra, como quien dice. Es más, una vez dentro habían puesto hasta un cuco aspersor que vaporizaba agua desde la columna de una farola, que hizo las delicias de más de uno. La parte negativa es que a estas alturas de la película ya sabíamos que no nos iban a reintegrar el euro de fianza por lo vasos de la bebida, con lo que las torres de recipientes acumulados hasta ese momento no nos sirvió más que para echarlo al contenedor amarillo, en fin, no todo podía ser perfecto. Bueno sí, los baños del recinto lo eran.

Entrando ya en materia musical empezamos con el metal oriental de Myrath, que abren la jornada en el escenario principal y a los que además ya había tenido oportunidad de ver en directo como teloneros de Orphaned Land en 2013. Verdaderamente desde aquello han pegado un impulso muy considerable, sobre todo con su último trabajo de 2016 “Legacy”, quizás con un sonido más accesible y con el que parecen haberse dado a conocer de una forma mucho más amplia. Precisamente comienzan con el corte de éste álbum “Believer” y esos melódico arabescos que resultan de lo más pegadizos y que son además la tónica general del disco. Sin embargo, la artillería pesada la sueltan con temas como el enorme “Merciless Time” o “Beyond The Stars”, donde sale una bailarina de la danza del vientre a mover las caderas a golpe de bombo y timbales, ambas canciones de su álbum “Tales of the Sand” y despidiéndose así a eso de las seis y media con un calor difícilmente soportable. Me asomo por el escenario cuatro para ver el hardcore crudo y desgarrado de Dawn of the Maya. Muy convincentes los pamplonicas gracias en parte a Marta Abad a la cabeza de los teclados, aportando una fidelidad y una frescura al directo de la que muchas bandas del género adolecen por llevar todos sus arreglos enlatados y disparados. El quinteto descargó temas como “Everest” o su cañonazo “The Age of Darkness”, con la que se despidieron con todo el público haciendo un gran circle pit.

Volvemos al principal con la que es, si no me equivoco, la única representación patria en el escenario más grande del festival. Hablamos de Hamlet, de sus kilómetros y kilómetros de rodaje sobre las tablas y de ese metal con sello de identidad propio que ha marcado a varias generaciones dentro de nuestras fronteras. Se marcaron un show correcto, o quizás algo más que correcto, pero en cualquier caso en el que no arriesgaron demasiado al tirar de clásicos como “Denuncio a Dios” o “Irracional”, eso sí, Molly desde que se subió no paró de moverse tanto por el escenario como por el foso dándose un auténtico baño de masas y reiterando que tener en el capital un festival como el Download era increíble (fucking amazing, repetía una y otra vez). Finiquitaron con la archiconocida “Jodido Facha”, mientras ya estábamos tomando posiciones en el escenario dos para ver como se merecía a Opeth. Entre tanto no hago más que identificar camisetas con el lema “HXC”, lo que me sorprende gratamente, la plataforma “Hardcore Hits Cancer” gana cada vez más apoyo.

Y llega entonces la elegancia de la mano de Opeth y el aplomo de su líder Mikael Akerfedlt. La banda sueca de metal progresivo desgranó bellas piezas de la talla de “Gosth of Perdition”, una composición de diez minutos que es capaz de pasar de una voz limpia acompañada de una delicada melodía al teclado a una cavernosa respaldada por un atronador doble pedal, y lo mejor de todo es que consiguen hacerlo de una forma fluida y natural. Afortunadamente el calor nos va dando una tregua y eso hace que podamos disfrutar más y mejor de otras obras como la hermosa “Era” o “Deliverance”, otros trece minutos de composición cargados de virtuosismo y brutalidad. Mikael nos da una y otra vez las gracias con su voz profunda y su aspecto imperturbable tras unas oscuras gafas de sol; el cosmos que es capaz de crear con su música parece manar directamente de la enorme personalidad que desprende.

Tengo el tiempo suficiente para echar un vistazo a la banda de hardcore madrileño Against The Waves; estos quizás bastante más melódicos y electrónicos que “Dawn of the Maya” y de los que además tengo bastante trillado su álbum de 2012 “The Golden Hive”, pero a los que luego perdí la pista hasta su reciente “Borealis”, el cual cuenta con la producción puntera de Joey Sturgis. Tocaron temas de ambos trabajos con la grandísima aceptación de los allí presentes, que se entregaban al pateo en medio del foso y al desaforado headbanging, descargan además por primera vez en directo “Lost in the Fire” con un resultado apabullante. No defraudaron en directo. Mastodon atacan desde el escenario dos con un sonido que se extiende como una verdadera onda expansiva, es “Sultan’s Curse”. Tengo tiempo de probar algo más del sludge de los norteamericanos con temas como “Divinations” o “Ancient Kingdom”, antes de tener que conformarme con verles desde la pantalla del escenario principal para coger sitio en System of a Down. Como ayer con Likin Park, quién no se vaya haciendo hueco en el Mains Stage antes de los colosales SOAD está condenado a verlo desde los accesos, con lo que una vez más nos toca perdernos una parte muy sustancial del concierto anterior (lo que da bastante rabia). Esperamos todos, hacinados, a que empiece el magno evento hartos ya de no tener espacio vital y recordándonos una y otra vez que es por llegar siquiera a otear el show de los armenios. Empiezan por fin, tan solo unos minutos más tarde de lo previsto que se hacen eternos, con una puesta en escena austera pero con un juego de luces magnífico y unas sorprendentes y enormes alfombras que visten el suelo del escenario. Detrás de ellos una pantalla gigante con una forma triangular a modo de “ojo que todo lo ve” y que va mostrando distintas imágenes. La banda aparece de nuevo tras doce años desde aquel fatídico Festimad de 2015, última y única vez que habían venido por estos lares…Normal que aquello estuviera como estaba. Comienzan con la intro de Mesmerize para continuar después con “Suite Pee” y remover emociones y recuerdos a los que escuchábamos su primer disco con apenas quince años. Van dando una de cal y otra de arena alternando temas de sus álbumes más recientes con clásicos al estilo “Aerials”, “Mr. Jack”, y la tremenda interpretación que hace Daron de ella, o la brutal “Deer Dance”. A todo esto el sonido es nítido y limpio pero quizás le falten algunos puntos de potencia para que verdaderamente el concierto resulte tan glorioso como podría ser, mientras, Serj Takian mastica chicle y hace lo que quiere con su voz. “Bounce” y “Pyscho” son la locura absoluta y “Chop Suey” en directo es como una ilusión mil veces soñada y al fin vivida. A estas alturas algunos ya nos podíamos morir tranquilos, pero aún quedaba más, en “Kill and Rock ‘n Roll” la actuación de Daron y Serj es sobrecogedora. Tras “B.O.B.Y” echan el cierre con “Toxicity”, en la que Daron dice “spinning around” mientras hace gestos circulares para que montásemos un enorme circle pit y con “Sugar” acabamos sudando auténtica adrenalina. Una hora y media totalmente memorable.

Crónica y fotos por: Elena O.B

 

 

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