Macarrismo rockanrollero, canalla y callejero nos reunía esa noche en La Mala: como en casa. Los bilbainos Turbofuckers volvían a la sala madrileña, según dijeron ellos, presentando un mismo disco (“Toxic Glam”, su último trabajo, del 2018). Aunque esta vez lo hacían con formación distinta. Sin embargo, por el ambiente, daba la sensación de que poco había que presentar. Aquello parecía más bien una reunión de familia, un reencuentro de viejos amigos, organizado junto a los Macarrones, una sesión en la que no faltaron colaboraciones, comentarios cachondos, ni, desde luego, buen rock and roll.

Turbofuckers en la Sala la Mala de Madrid
Turbofuckers en la Sala la Mala de Madrid

Desde el principio, cuando encendieron al fondo del escenario unas lucecillas azules en plan árbol de Navidad y empezó a sonar “Hello, scum to be back” y luego el potentisimo “Turbofuckers”; el grupo no dejó de derrochar energía y actitud. Las canciones (rock and roll macarrista made in Bilbo) no tendrían sentido sin esa actitud de la que el cantante, el bajista y el batera derrochan. Así, se fueron sucediendo temones como “Chico de barrio”, “Socio de satanás” o “Amor tóxico”, seguidos casi sin pausas por otros tantos, como “Lady Infierno”, “New Generation Kamikazes”, “Tu novio, tu y yo” y mi favorito: “Demasiado cabrones”. La energía del escenario no consiguió, salvo en momentos sueltos, mover a la mayoría de un público por lo general bastante paradete, aunque sí logró mecer la mayoría de los cuellos en gesto de aprobación.

Los comensales del banquete, aunque algo oxidados, parecían saciados. ¡Y qué le vamos a hacer! la movida de esta peña derrocha energía, y eso es lo que importa.

Es necesario señalar que en este ambiente de navideña cena familiar (a la gitana) Pepe, el bajista del grupo, cantó a Iñaki, el dueño de la sala, un “que los cumpla feliz” que seguimos todos, pues era su cumpleaños y había ambiente de compadreo. También decir, a modo de opinión personal más general, que los Turbofuckers abanderan una nueva tradición musical bilbaína que creo que va cobrando fuerza en los últimos años. Después de criarse con el rock radikal, los bilbaínos se re-rebelan y se pasan a un rock&roll más puro y complejo a nivel técnico, pero igual de macarra y callejero, comprometido con la fiesta, el vicio y la lucha social de la calle. De tal manera, Sixx, el cantante, defendió “ni eskorbuto, ni cicatriz, ni rip ¡Rock and roll de Barrenkale!”.

Creo que en Euskal Herria vuelve a brotar un algo del que acá en el centro de la meseta aún tenemos que aprender un poco, porque aunque se están haciendo muchas cosas en esta línea, parece que aún cuesta dejar de romantizar tiempos ya pasados para tomar las riendas de una nueva escena, que si no está emergiendo ya, como mínimo tiene que emerger y emergerá.

Macarrones en la Sala La Mala de Madrid
Macarrones en la Sala La Mala de Madrid

De hecho, en esta línea metería al segundo grupo de la noche, los madrileños “Macarrones”, que también nos desbordaron con un rock and roll cargado de actitud, aunque quizás un poco más técnicamente cuidado en los riffs. Los cuatro miembros son un puñetero show, con un guitarrista escondido bajo su melena y que gira como una peonza y otro que no deja de menearse y cantar con furia, además de un bajista cantante que parece una anguila y un batería que aporrea la percu sin cortarse un puto pelo. Sonaron temas como “Grotesco”, “Sexo y dolor”, “Rock and roll girl”, “Material Girl”, “Chicos Muertos” y “Estoner”, intercalados con pocas palabras y alguna coña. Al igual que sus colegas del norte, los madrileños derrochan no solo actitud, sino también buen rollo.

La verdad es que me jodió tenerme que ir con prisa del bolo, porque seguro que todos ellos son buena gente, cachonda y accesible, con la que bien-tomarse una birras después de un concierto.

Señalaré que Sixx se subió a cantar con los Macarrones una fantástica versión de “Perlas Ensangrentadas”, más rockera y urbana que la de Alaska, que no puede dejar de sonar algo popera. La actuación en general fue brutal, con muchísima energía. No estoy seguro de si el público se movió más que antes pero, aunque quizás sea solo subjetividad refleja, esa fue mi sensación. Ya entrados en calor, es difícil no dejarse llevar por el buen rock and roll, que si bien ya no es tan popular como llegara a serlo hace unas décadas, no está para nada muerto. Quizás precisamente por eso, y por grupos como los que pudimos disfrutar en La Mala, hay que tener claro que está más vivo que nunca.

Crónica y Fotos por: Zule

 

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