Playa Cuberris – Sala El Sol

Aquellos que afirman que el rock ha muerto son quienes se limitan a pegar su oreja a las grandes radios, y desconocen que en estos momentos un panorama guitarrero y potente está invadiendo las salas y los escenarios de todo nuestro país. Playa Cuberris es una de esas bandas luchadores que no se dejan caer por las complicaciones de los comienzos, y que recibe la recompensa que merece llenando uns sala como la Mon (antigua Penélope) después de casi una década de trabajo y rock playero.

Abría la velada Sergio Rojas, un bonito detalle teniendo en cuenta que es a su vez el guitarrista acústico de los Cuberris, ¿Y qué mejor que dar una oportunidad a los tuyos? Lo hacía con tres temas propios, una voz potente y un claro control sobre su Gibson acústica. «No es fácil escuchar a alguien a quien no se conoce, así que gracias» decía. Un punto a favor de los teloneos en acústico, es que la emoción se mantiene sin llegar a romperse, preparando de forma sútil lo que la banda principal viene a ofrecernos. Sergio lo dio todo con «Malas Yerbas», siguió subiendo con «Pecado», y consiguió reunir a la sala en torno a su canto en «Amor de Radio». Intentó marcarse un «A Capela» que no salió del todo bien, por esa mala manía que tiene la gente en los conciertos de obviar a los teloneros, y cuando apagó la guitarra y vino a cantarnos al borde del escenario se escuchó algún: ¡Acércate al micro! En mi opinión todo espectáculo arriesgado es digno de admiración, y su interpretación lo fue, dejando a la sala preparada para lo que venía.

Salen los Playa Cuberri, y Peto, vocalista, el último. Aparece en medio de las luces con su ya característica chaqueta de Adidas negra, a rayas blancas. Un toque de macarra sensible muy apropiado para el estilo musical de la banda. Destaca la voz por encima de todo, muy parecida a como suena en el disco, y conociendo las capacidades que tienen los programas de producción hoy en día para mejorar las  «Técnicas Vocales», es del todo valorable que consiguiera mantener los agudos de las estrofas y romper los graves con ese rasgado tan característico que inevitablemente nos recuerda a Carlos Tarque.

Seguían con furia nuclear, con el que Peto vuelve a una voz algo más contenida, y que tiene entre sus estructuras momentos de calma y una atmósfera más poprockera que la anterior. Álvaro Fernandez y Alex Vallejo, a cada lado de Peto y rompiendo con distorsión la señal de sus guitarras, demostraban un claro control sobre su instrumento y solo eché de menos algo más de volumen.

Continuaban con «Gigantes», temazo que aún no ha salido y con el que seguro que abrieron el apetito a más de uno, dejándonos con ganas de escucharlo con cascos y rememorar el sonido que consiguen en directo. Por otro lado, ya se dejaba entrever la dinámica en escenario que se mantendría durante toda la velada. Los guitarristas, pegados a sus pedales y al micrófono, tenían poco margen de movimiento y me habría gustado un revuelo más general e intenso de toda la banda. Peto, quien ha renunciado a la guitarra que en el pasado llevaba colgada al cuello, se mueve de aquí para allá en el escenario erigiéndose como un buen frontman pero sin demasiado que decir cuando presenta las canciones. Comentarios ligeramente estereotipados pero que demostraban sinceridad una vez nos mostraba su power vocal con cada frase. Quizá sea solo una preferencia personal, pero disfrutando de la forma en que incendiaban de sonido toda la sala, habría disfrutado el hecho de que los músicos se creyeran más todo este huracán rockero, y levantasen la cabeza, nos sonrieran, se mirasen entre ellos y nos dejaran ver que detrás de lo que nos muestran, hay mucho más.

Siguen con Turín. Sorprende ver como un single que sale pocos días antes del concierto, con un videoclip muy personal, por cierto, ya es coreada por todos los asistentes. Con estos nuevos temas sacados en forma de single, estrategia que usan casi todas las bandas del panorama actual por adaptarse mejor a la necesidad de inmediatez de esta era, muestran un sonido con toques mas indies de los que se podían escuchar en el primer disco. Parecen más enfocadas a los festivales, sin perder en absoluto su esencia como banda. Lo que si se modifica es la sensación que generan. Quizá con este tema, en vez de esos viernes verdes que nos llevaban a menear la cabeza de arriba abajo, nos invitan a levantar los brazos con una birra en un festival mulititudinario, clara influencia del recorrido por escenarios al aire libre que han llevado a cabo en los últimos años, casi sin descanso.

Siguen con «Zepelín» (aun no ha salido) y «Entrar A Matar». Para esta última el decorado de la pantalla del fondo cambia a la imagen de un niño rompiendo una guitarra, la de la portada de Entrar a matar, su disco de 2017. Un decorado minimalista muy bien elegido, solo a base de sombras.

En «Alta Tensión» tenemos el placer de poder ver en el escenario a Gabriel de la Rosa de Shinova, que cómo nos contaba Peto, venía desde Oviedo. Canta los coros en grave, cómo no podía ser de otra manera por su control de la voz en estos registros, y se despide dejando la sala bien arriba mientras la banda sigue con Blues de mi nevera. Con Victoria intuímos que la noche está llegando a su fin (o al menos la noche frente al concierto), y a partir de este momento todas las conocidas se suceden una tras otra en ese frenesí de final de concierto que es capaz de mantener una banda cuidadosa y profesional como lo es Playa Cuberris.

«Marte», el segundo tema más escuchado de la banda madrileña, viene de la mano de Marlon, una agrupación que no me suscita demasiado interés y con quienes no vi que se sumase ninguna ventaja melódica al tema original. Lo que si es cierto es que estos chicos, y sobre todo el vocalista, se vienen muy arriba y esa chulería en el escenario siempre es capaz de marcar algunos paréntesis.

Con «Locos de Atar» la sala se rompió, ni un solo alma se abstuvo de cantarla dejando claro que sue popularización marcó un hito en la historia de los Cuberri. Nos sorprenden trayendo a Pedro de La Fuga, que con su acústica nos toca en duo «Buscando En La Basura». Toda una sopresa y guiño al rock urbano en español. «Os presento a Jack Sparrow», decía Peto con cariño al presentarlo al público. Empiezan a despedirse con «Un Faro En El Mar», cuya letra le resulta demoledora. Y con «Luces de Neón», la gran noche de presentación de su nuevo trabajo culmina, con una marabunta de gente que se desplza a un lado y a otro coreando ese inmejorable grito de ¡Quisiera ser libre!. Se les nota cansados pero felices, agradecidos a todos los que les han acompañado, del público y del equipo. Se retiran y nos dejan saliendo de La sala Mon con una buena sensación. La sensación de una noche de rock.

Crónica por: Gisme

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