El sábado 17 de marzo la madrileña sala Caracol abrió sus puertas a tres grupos que harían de aquella noche un chute de energía para el resto del fin de semana.

Sobre las 8 y media daba comienzo el concierto de Malavita, formación madrileña compuesta por dos guitarras, un bajo, una batería y una voz solista. “Matanza” rompió el hielo; la siguieron, entre otras, “Desterrados” y “Cuánta mentira”. Los pequeños círculos de personas que al principio había en la sala se habían convertido en una gran masa de gente que ocupaba cada rincón mientras sonaban las últimas canciones: “Metralla” y “Bola 8”.

La complicidad dentro del grupo era evidente. Gema, cantante y guitarrista, llenaba el escenario solo con su presencia. Sus movimientos y guiños a sus compañeros marcaron el ritmo de un concierto que, aunque corto (tan solo duró media hora), impuso unas expectativas muy altas para el resto de la noche.

Ante un aforo completo entraba en juego Rat-Zinger, la bilbaína banda de punk-metal que todo el mundo esperaba. Pies de micro que imitaban cadenas, decorados de calaveras: el ambiente sórdido que ya de por sí crean sus canciones se veía reforzado por una escenografía trabajadísima.

Bajo, guitarra, batería y voz; una formación básica que es más que suficiente para transmitir el gran contenido político y social que inunda sus mensajes en canciones como “Uno de los nuestros”. Fue una velada perfecta para presentar su último disco “Santa calavera”. El temazo con este mismo nombre abrió el concierto, cumpliendo con la espectacularidad de los componentes y el escenario.

“Toda forma de poder”, un espectacular “Dios salve a Ronnie Biggs”, un parón a mitad del concierto para un cambio de vestuario… De entre todas las anécdotas remarcables me costaría elegir una. Sin duda me quedo con la impecable interpretación de Podri, cantante, y la pasión al bajo de Pinky.

Desde Birmingham y con 40 años de trayectoria se presenta GBH ante cientos de cuerpos ya cansados de sudar cada riff. Con un sonido elegante y un gran repertorio a sus espaldas la experiencia marcaba la diferencia en aquella noche de invierno.

“Birmingham Smiles” rompía con el silencio de un público expectante que al instante comenzaba a bailar. Su último disco “Momentum” con canciones como “Fifthy what?” asomaba entre un setlist plagado de clásicos como el esperado “Sick boy”. La aparición de Podri, cantante de Rat-Zinger, para cantar junto con GBH marcó un momento en el que la cohesión entre bandas y el buen rollo eran los protagonistas.

El ambiente no podía ser más intenso, las caras emocionadas de todas las personas que ya se habían convertido en una masa con camiseta negra y las manos en alto, jóvenes con el torso desnudo saltando y chocando con los que durante aquellas tres horas fueron sus compañeros de aventura.Y se acabó lo bueno: “City Baby’s revenge” y “Time bomb” dejaron al personal con sed de más. “Maniac” cerró el show, poniendo punto y final a una velada que, tal y como se esperaba, no dejó indiferente a nadie.

Emergente, con recorrido, nacional o internacional: el punk no estaba muerto, esperaba en la Caracol.

Crónica por: Irene Bezares
Fotos por Sarri

 

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