“¡Pollas en vinagre!”, dijo la marquesa poniendo las tetas sobre la mesa. “En vinagreta, señora marquesa. En vinagreta”, replicó el mayordomo.
“Bueno… entretenida…”, me dije.
Aquello me hizo recordar que ese día se celebraba en Villena la tercera edición de FCK CNSRSHT, en donde tampoco se andaban con tonterías, remilgos, ni censuras. Así que apagué el ordenador y me puse en camino. No estaba dispuesto a desperdiciar la ocasión.

Pocos minutos pasaban de las dos de la tarde cuando, a través de la humareda que soltaba mi destartalado automóvil, divisé la plaza de toros. El recinto estaba cerrado por una cubierta. Por una cúpula. Pero… si… ¡Era la Cúpula del Trueno!

Gente variopinta pululaba por los alrededores; alguna que otra cresta de llamativos colores, alguna camiseta de Iron Maiden por otro lado y varias personas que por sus indumentarias podían pasar por corrientes ciudadanos se movían hacia las puertas de acceso. La sobremesa empezaba a animarse.

Los primeros truenos que sonaron fueron los de Gritando en Silencio, a eso de las dos y media. No estaba nada mal empezar el festival con rock and roll. Más si la banda traía bajo el brazo un nuevo disco recientemente publicado (“Material Inflamable”), como era el caso de los sevillanos.
No les gustó mucho la cúpula, pues se quejaron amargamente de que solo hacía rebotes de sonido. Aún así ofrecerían muy buen sonido a todos los que se animaron a asistir al comienzo de la jornada. Y muy buena dosis de música, entre la que Marcos Molina aprovechó para comentar: “Esperemos que en el futuro las plazas de toros sirvan solo para festivales como este” (“Ya debió cambiar”), “vive como si no hubiera nada más”(“Como si no hubiera nada más”), “qué mejor forma que la noche acabe entre las piernas de alguien” (“Entre tus piernas”), “a las armas hasta que nos devuelvan todo lo robado”(“A las armas”)
Podemos decir que aprobaron con nota la difícil tarea de abrir un festival tan largo y con tan buenos grupos. Y dejaron claro desde el principio que allí no habría censura.

Pero sería con Manolo Kabezabolo, acompañado por Los Ke No Dan Pie Kon Bolo, con los que el público empezaría a bailar de verdad; sus loas al espid y la sublevación arrancaron los primeros pogos de la plácida tarde alicantina.
Enseguida ofrecería la ingeniosa “El aborto de la gallina”; y “Espiz amarillo”, tremenda y meritoria canción del verano que, desgraciadamente, nunca ha sido reconocida como tal por las radiofórmulas estatales. Sus oyentes se lo pierden.
No dejó de cantarles a los militares con esa gracia innata que le caracteriza. Momento este en que ya se empezaban a intercambiar alcoholes y sustancias, que es el paso previo para, más avanzada la fiesta, acabar intercambiando fluidos.
Con otro clásico como “No Komas Keso en Exceso”, pondría al público a bailar ska. También caerían “Tuna Punk”, “Visita a un bar nazi” y “Harto”.
Acabaría su actuación solo en el escenario, cantando a capella su himno colgueta, “Nino Gramo”.

Cuando se marchó Manolo estuve a punto de buscarme un rincón para revelar rápidamente algunas fotografías y escribir unas pocas líneas que poder enviar a los directores de la web con el fin de que lo publicaran cuanto antes, pues ya se sabe que en este mundo globalizado y controlado por las multinacionales y las redes sociales lo importante es la inmediatez. Pero cuando quise recordar ya estaban sobre el escenario Parabellum. Así que pospuse el envío de la crónica, me comporté como si aún estuviéramos en el siglo XX y estuve atento a lo que sucedió a continuación.

Parabellum empezaron el concierto haciendo un instrumental con las bocas tapadas por cintas adhesivas. Y reclamaron justicia para Íñigo Cabacas, al que recordaron en una bandera que pusieron sobre los altavoces de retorno.
“Estamos acostumbrados a los marrones. Esta vez la fianza la traéis vosotros”, advertirían al público después.
Más tarde vendrían “Una Kanción de amor” y “Kuerpo a Kuerpo”.
“Las canciones son de la gente, no para el uso de las personas”, dijeron tras interpretar “Envenenado”.
A continuación bromearían con que no les había dado tiempo a preparar una versión de Génesis de cincuenta y seis minutos para la ocasión, por lo que tocarían sus canciones de siempre. Algo que está muy bien, pero estamos deseando que publiquen material nuevo…
Por aquello, de sus canciones más populares también sonarían: “La locura”, “Esta noche acabaré con ella” y “La vela se apaga”.
Se despidieron haciendo una versión de “Un día cualquiera en Texas”. “ Un clásico de Los Coronas”, explicó Josu. Ahí erraba el tiro, porque si bien Sex Museum –primos hermanos de Los Coronas- tienen una versión de esa canción, la original es de Parálisis Permanente, por lo que forma parte del repertorio de Ana Curra.

Hay grupos como Porretas que siguen paseando su orgullo de barrio (madrileño en este caso) por todos los escenarios que pisan, con himnos como “Hortaleza”, “Si nos dejáis” y ese cántico popular en el que se preguntan qué ocurriría si los curas comieran chinas del río.
Con buen humor empezarían a tocar los primeros acordes de “Thunderstuck”; que pararon en seco, explicando que esa canción se la reservaban para “Clásicos III”, pasando a ofrecer “La del fútbol” y haciendo cantar al público, como forofos, ese himno de rock cazurro creado para animar a disfrutar de una tarde de fútbol con la bota de vino y el bocata de salchichón.
Tampoco faltarían “Jodido Futuro” -con su característico “tirorí tirorí”- y “Tripis”. “Resistiré”, de Clásicos II, fue la primera de las versiones que sonaría. “Porque sólo nos queda resistir”, explicaría el Bode.
Y, como está mandado, no se olvidaron de recordar a Roberto, al que le dedican todos sus conciertos.

Había anochecido en Villena, y empezaba a acercarse el momento de las actuaciones más esperadas. Los asistentes se movían presurosos por los pasillos y se apretujaban en las barras buscando combustible durante los cambios de grupo.

“He renunciado a mi derecho al orgasmo” dirían al poco de empezar Def Con Dos, pues “Derecho a Orgasmar” fue uno de los primeros temas que interpretaron. Habían salido en tromba, con mucha energía, sin permanecer un momento quietos sobre el escenario; saltando, permutando posiciones y sin dejar que cundiera el silencio. De su último trabajo, de 2017, también interpretarían “Esto es el Def” y “Reservado”.
Siguieron haciendo disfrutar a los ciudadanos terroristas que allí nos habíamos congregado con clásicos de la banda como “La culpa de todo la tiene Yoko Ono”, “Muertos del Rock”, “Poco Pan (y pésimo circo)” y “Sigo siendo heterosexual”; esta última, tras llamar “demonios y demonias” a los presentes, que es una definición que cuadraría muy bien y agradaría a quienes utilizan el término “terrorista” con demasiada frecuencia. Y parodiando la dialéctica de los poseedores de ese esquema mental, César Strawberry diría: “¡viva el vino!, ¡viva el dinero!” antes de empezar a cantar “Armas pal Pueblo”.
Para el final dejarían “Agrupación de Mujeres Violentas” y “España es Idiota”.

Koma demostraron desde el principio que lo suyo siempre fue heavy metal. Y después de seis años de parón seguía todo igual. Empezaron tocando a toda zapatilla, como dicen los jevis, pero con un sonido suficientemente “limpio” para que la contundencia dejase entender perfectamente lo que cantaba Brigi.
Llegaban a Villena habiendo rodado por salas en los meses anteriores, lo que les había puesto en forma para este primer festival de su regreso.
Con “Los Niños de Lapos Guerra” abrieron su turno. También sonaron considerablemente contundentes cantando que el pobre tenía hambre; el pobre tenía frío (“El Pobre”); y en “Sakeo”, “Tío Sam” y “Vaya carrera que llevas, chaval”.
Se les ve a los cuatro muy motivados y con muy buena actitud sobre el escenario. El público -hasta los más jóvenes, quienes pudieran no conectar tanto con la banda debido al parón- ayudó mucho con su participación, coreando eso de “no trabajes tanto que te va a dar el infarto” (“El Infarto”), celebrando “El Marqués de Txorrapelada” (no confundir con el duque empalmado) y levantando los brazos cuando cantaba con Brigi Duque el estribillo de “Mi Jefe”.

Radical fue la actuación de Sociedad Alkoholika, desde el sonido hasta la iluminación. Sin concesiones y con contundencia fueron disparando sus temas. Y fueron cayendo todos sus clásicos: “Ratas”, “Piedra contra tijera”, “Política del Miedo” y “Pauso Bat”.
Y, entre unas y otras, se quejaron de que en Altsasu llevan dos años secuestrados por el Estado español. También tuvieron unas palabras para “el nuevo candidato del PP”, del que recordaron el asco que les produce.
El público no dejaría de bailar del principio al fin de la actuación de los alaveses.
De “Sistema Antisocial”, su último disco, de 2017, tocarían “Alienado”. Mientras que de su primer álbum, “¡No intente hacer esto en casa!”, sonaría “Palomas y Buitres”.
Además tocarían “S.H.A.K.T.A.L.E.”, “Automarginado”, “La aventura del Saber” y “Peces Mutantes” a lo largo de su actuación.
Se despedirían con “Nos vimos en Berlín”, dejando a todo el mundo satisfecho.

No hay festival que se precie que no tenga en su cartel a Boikot o Reincidentes. El año pasado estuvieron los primeros en FCK CNSRSHP; y éste les tocó a los segundos. Aunque habían lanzado nuevo álbum (“Vergüenza”) hacía pocos meses, también echarían mano de los clásicos de su repertorio: “La republicana”, “Grana y Oro”, “Latinoamérica” (con Fernando Madina vistiendo la camiseta roja y el pantalón azul de la selección venezolana de fútbol durante toda la actuación). Más claro…
De “Vergüenza” sonaría “Terrorismo”, su tema más significativo, y fiel reflejo de la actualidad.
Antes de “Ay, Dolores” Fernando advertiría que: “En Andalucía nos hemos dado cuenta de que si nos quedamos en el sofá, salen los que salen…”
Acabarían con “Vicio” y “Jartos de Aguantá”.

¿Sirve el rock para cambiar el mundo? ¿O es el derecho al pataleo que aún no nos han quitado? Tú tienes la respuesta. Por nuestra parte, solo decir que, cuando menos, en la mayoría de los casos sirve para concienciar y hacer disfrutar a quien lo sepa apreciar.

Cerraron esta gran jornada Los Benito, quienes empezarían con “Las calles dormidas”, de su último disco, “El Rincón de mi Cabeza”, del que también ofrecerían “Lola” y “Para siempre”. Música hecha desde el corazón para los rockeros más sensibles, sin trampa ni cartón; que hace que se sientan muy arropados por sus seguidores en cada concierto. Más, teniendo en cuenta que tocaban en casa, como quien dice…
Mientras la sección de cuerda no paraba de ofrecer poses rockeras a la parroquia, nos ofrecerían sus temas de siempre. A saber: “Aquellas cosas que solíamos hacer”, “He decidido”, “Fue mi abuelo”
Por cierto, que sería su último concierto con el nombre de Los Benito, pues pocos días después anunciarían que volvían a llamarse Benito Kamelas.
Pues eso. A estas alturas la Cúpula del Trueno se había convertido en la Cúpula del Placer. Y es que allí no había censura, no había conflicto: entramos muchos y, al final, salimos todos.

Pero, por si tienes dudas, como dice Manolo Kabezabolo, aunque por otro motivo: “Si todavía te quedan dientes, es que no estuviste allí”.

Crónica y Fotos por: Luis Miguel del Campo

 

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