Como borrachos que van a ver al fénix más macarra, el 26 de abril nos agrupamos a la puerta de la Caracol para ver la resurrección de Animales Muertos, un fantasma que recorre el punk español desde los años 90. Como maestro de ceremonias de este rito de resurrección, Natxo, bajista, cantante y fundador del grupo zaragozano. Como acólitos tocaban Carlos (guitarra y voz) y Niño (batería), ambos de Non Servium, y Antonio Vini, de Efectos Secundarios, que llevaba la segunda guitarra. Como pre-calentamiento nos recetaron los Odio a muerte y de aderezo había un montón de punkis hasta el culo (de ganas).

No conocía a los Odio a muerte, pero no me hizo falta para creer que fueron la leche. Punkarreo urbano, macarra y antifa, eso que llaman «kostroso», con mucho tupa-tupa, voces guarras y riffs sencillos pero que van al grano. Me sorprendió la de músicos que había sobre el escenario, pero ea, los dos cantantes se repartían bien las frases, directas y contundentes (letras sencillas pero afiladas, con mucho odio), al igual que hacían los dos guitarras, el batera y el bajo. Pese a que no hubo muchísima peña de público durante este bolo (la mayoría llegaría directa para Animales) la cosa funcionaba, y aunque al principio la movida estuvo paradita, las primeras filas acabaron pogueando lo suyo al final del conci. Destacaría temas como “Vampiros de la inocencia”, “La tortura”, “La siembra del Verdugo”, “Mata a tu patrón” o “El Miedo”. Siendo sincero no creo que en ellos haya nada demasiado nuevo, pero desde luego tampoco hay nada enmohecido: si te mola el rollo, el grupo le pega bien y tiene mucha energía.

Luego vino el plato fuerte. Sí desde el principio el show rebosaba de camaradería, la cosa se puso aún más intensa cuando, con la sala repleta, empezaron a tocar los Animales Muertos. El Natxo parecía disfrutar realmente de volver a subirse al escenario, y todos sus colegas (arriba, abajo y entre bambalinas) gozaban con él. El resto de los que les escuchábamos bailando no disfrutamos menos, y aunque esta vez no pude estar demasiado en el pogo, la cosa fue desbordante (prometo que al día siguiente hubo contracturas en muchas espaldas). Sonaron “Almorrana”, “Vendemelo”, “Este Mundo…”, “Delinkuencia juvenil”, “Kaos y Destrucción”… para resumir, no quedó sin sonar ni un puto tema de la maqueta, de hecho, el set-list se quedó corto.

No podemos olvidar que Animales solo tienen un disco de estudio y la grabación de un concierto en Zaragoza. Pese a eso, habría molado haber compensado el “exceso” de tiempo que tenían con la versión de algún otro clásico punkarrero (como sonaron, por ejemplo, un cover de “Presos” y otro de “Vamos a pisar…” de los R.I.P.) o algún tema de Efektos Sekundarios o de Non Servium (grupo del que subieron Gordo e Ivi para tocar el himno de Animales “Nosotros somos la venganza”, de la que los mostoleños tienen un famoso cover). Supongo que a veces es una movida calcular los tiempos. Eso sí, cuando la lista de temas se acabó, y el público siguió pidiendo más, se dijeron las cosas claras y volvieron a sonar algunas canciones, como “Lakra Social” o “+ Spiz”.

La verdad es que nos quedamos con ganas de más. Incluso cuando recogían instrumentos y sonaba ya la música de la sala, la gente miraba atrás como esperando que volviese a sonar otro tema. Y es que, aunque aún nos queda alguna cita con Animales Muertos este 2019, muchos nos quedamos con la sensación de ver un espejismo efímero, que por la energía de los que tocan y de los que poguean, creo que todxs queremos volver a ver más pronto que tarde.

Crónica y Fotos por: Zule

 

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