En la taquilla de la sala Mon, en Moncloa, ya no quedaba ni una sola entrada. Al fin y al cabo, la vuelta a los escenarios de un grupo como Alamedadosoulna no pasa desapercibida. Era 15 de marzo y, según nuestros cálculos, hace ya más de 4 años que los músicos habían decidido darse un descanso indefinido.

Un concierto de Alamedadosoulna supone toda una experiencia desde el momento en el que el espectador entra en la sala. “La gran catástrofe se avecina. El fin del mundo que conocemos está a punto de llegar”: así comenzaba el texto de los panfletos que se repartían en la entrada del concierto. El cachondeo sería, sin dudarlo, el eje central de toda aquella noche de viernes.

El principio del concierto estuvo marcado sobre todo por canciones del último disco. Sonaron canciones como “Jaleo” y “Tele nueva”, y desde el minuto 0 quedó bien claro que 4 años de descanso en absoluto les habían oxidado. Quien haya estado en un bolo de los alamedienses recordará cada sesión más que como un concierto, como un espectáculo. No faltaron momentos de jugar al bádminton, púas gigantes, baquetas enormes y bailes y chistes grotescos. El ambiente invitaba a no parar de bailar y poco a poco todo se fue convirtiendo en un constante pogo del que era difícil librarse. “Punhit”, “Optimista”, “Por favor” y “Camaleón” fueron otras de las canciones que tocaron hacia el final del show, muchas de ellas cantadas por la saxofonista del grupo.

Versiones (“Killing in the name”, de Rage against the machine), baile, bromas, risas y reencuentros caracterizaron una de las mayores fiestas que Madrid acogió aquel fin de semana. Dentro de un marco y como si de un programa de televisión se tratase se presentaron y despidieron todos antes de marcharse. ¿Quién dijo que las segundas partes nunca fueron buenas?

Crónica por: Irene Bezares

Fotos por: Pedro Bao

 

 

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