Así podría resumirse la carrera musical de la banda más longeva que actuó esa
noche en Alcalá de Henares, y que ha ido superando y sobreponiéndose a los numerosos fallecimientos y adversidades que se le han ido presentando a lo largo de los más de cuarenta años de su existencia. Evidentemente me refiero a Burning.

Así podría resumirse también la labor que tuvimos que hacer esa noche los
reporteros gráficos que cubrimos el evento, ya que nos encontramos con que el foso donde podíamos desempeñar nuestro trabajo durante dos canciones por grupo estaba ocupado por un andamio bajo al que tan solo le faltaba el suelo en la parte superior, lo que hacía imposible acceder a esa zona. La presencia de este obstáculo impertinente fue justificada aduciendo que al día siguiente iba a haber un espectáculo de antología de la zarzuela en el que se necesitaría habilitar más espacio para los actuantes. ¿Tan difícil hubiera sido dejar despejado el foso esa noche y montar la plataforma para la zarzuela a la mañana siguiente?, pensé en un primer momento. Luego, después de reflexionar un rato, llegué a la conclusión de que ahora que es fotógrafo cualquiera que sepa apretar un
botón, quien desempeña labores profesionales tiene que demostrar su valía superando dificultades al hacer el trabajo, que para eso no paga entrada y lo de las fotos ya lo hace cualquiera. Así que llevo varios días que, mientras aprieto el disparador, ensayo cabriolas que espero que hagan las delicias del público y de la organización del próximo festival al que acuda.

Para cuando salió al escenario La Frontera, primer grupo de la noche, un
operario había desmontado en dos minutos dos barras de la parte superior del
andamiaje, con lo que uno podía entrar al foso y moverse por él, aunque saltando
dificultosamente barras de hierro; algunas de ellas nos llegaban a la altura de la cintura.
Todo sea por informar. Es de agradecer que, como es habitual y más en bandas de más de treinta años de carrera, los músicos dieron facilidades a los fotógrafos.
Empezaron con sus grandes clásicos; de forma que “Juan Antonio Cortés” fue
la cuarta pieza interpretada. Dieron buena cuenta de sus canciones más apreciadas de la primera etapa, de temática de oeste americano; el cual parece que está muy en sintonía con estos tiempos de principios del sigo XXI que nos ha tocado vivir. Sonaron “Vivo o muerto”, “Cuatro Rosas Estación”, “Duelo al Sol”, “La Ley de la Horca”, “Siete Calaveras”, “Pobre Tahúr”… Entre las que fueron intercalando piezas de temática amorosa como “Diez minutos de pasión” y, después de “Judas el Miserable”
–durante la que Javier Andreu presentó a la banda-, este se quedó sólo en el escenario para tocar en acústico “Aunque el tiempo nos separe”.
“Los rockeros somos los más románticos”, dijo Javier nada más acabar la pieza.
Si bien la canción más celebrada por el público -cantando aquello tan sugerente de “te esperaré en el límite del bien y del mal”-había sido “El límite”, unos
cuantos minutos antes, también nos ofrecieron otras menos conocidas como la del “Aventuras del Capitán Acab” o “Todo va bien”.
“Tren de medianoche” abrió los bises, en los que también sonó “Si el whisky
no te arruina, las mujeres lo harán” ; acabando con su versión western de la
conocidísima “Viva Las Vegas”, también contenida en su disco de debut y que el
público festejó y bailó al estilo del lejano Oeste americano.
Una vez más me quedé sin escuchar en concierto “La puerta de atrás del
paraíso”, una canción que, sin ser de amor, expresa sentimientos a flor de piel. Han
pasado más de treinta y cinco años desde que la publicaron por vez primera y todavía
me sigue poniendo la piel de gallina cada vez que la escucho. La lástima es que no la
han tocado en ninguno de sus conciertos a los que he asistido.
“Fue un día que hacía mucho calor…” Así solía explicar Pepe Risi (del que
Loquillo cantaba que “él mató el silencio de las calles de Madrid”) el origen del nombre del grupo. Si Risi mató el silencio, Johnny se echó el grupo a la espalda en un momento crítico tras la muerte del primero y lo volvió a llevar la cima del rock and roll en castellano. Y allí lo sigue manteniendo.

Si aquel ya lejano día hacía mucho calor, esta todavía cercana noche empezó el
frío que anunciaba que se aproximaba la llegada del otoño. Así que Johnny aprovechó a las primeras de cambio para ir a ponerse su chupa de cuero. Hasta hizo un elogio de ésta y de lo que la echaba de menos cuando no la llevaba puesta.
Arrancaron con la última reinterpretación que hacen de “Las chicas del Drugstore”. A mitad de la cual Johnny Cifuentes, ahora Johnny Burning, recordó a toda la gente de Alcalá que de una u otra forma ha sido importante en la vida del grupo, desde músicos hasta el que fuera durante muchos años el conductor de la furgoneta que les llevaba, a ellos y a sus instrumentos, a todas partes. No dio nombres; no hacía falta.
Maikol fue el último en salir al escenario, casi al final de la canción, listo para
acometer “Bestia Azul”, del magnífico último disco de estudio de la banda (Pura
Sangre), del que también tocarían más avanzado el concierto “Tú te lo llevas todo”.
Vamos a aprovechar ahora que estamos a gusto, justificó Johnny.
A continuación sonó “Jim Dinamita”. Hace ya bastante tiempo que la letra fue
matizada por el sentido común que dan los años, sin que por ello se resintiera la fiereza salvaje que emana de esta pieza. Fue su primer clásico; uno de varios que hay en su primer larga duración. Y siempre que la escucho no puedo dejar de acordarme de la versión que hizo de ella el inefable Poch.
Desde que tuve por primera vez en mis manos este álbum me llamó la atención
la fotografía que hay él en la que sale todo el grupo, y en la que Johnny -que de los
retratados fue el último en incorporarse a Burning– aparece en el centro, un paso más adelantado que el resto, en actitud desafiante. El tiempo te descubre el sentido de cuestiones que no habías llegado a desentrañar del todo. Hay que ver lo que se consigue cuando se cuenta con personas cualificadas para hacer las cosas.
Por cierto, también significativo, que la imagen está tomada delante de una de
las puertas de acceso al madrileño cementerio de La Almudena y que cuando se publicó el vinilo era una versión en blanco y negro.
Últimamente Johnny presenta “Ginebra Seca” explicando que es lo que bebían
antes… “Ahora sólo agüita del pozo”, remata. Aprovecharon esta canción para
presentar a la banda, que no eran otros que los vienen siendo habituales desde hace más de veinte años, más Nico Álvarez, la repesca de Maikol y la incorporación de un
percusionista, situado prácticamente en un rincón del escenario y de perfil al público.
La letra de este tema viene muy bien últimamente para soltársela a muchos que
hablan de oídas de lo que ahora resulta ser muy cool (como dicen los transmodernos)
haber hecho hace años: “No me lo cuentes, nena (o nene, según el caso), yo estuve allí”.
Una vez que estuvieron todos presentados, alargaron la canción con fragmentos
cortos de letras y acordes de los Stones: Jumping Jack Flash, Satisfaction, Brown
Sugar… No podían dejar pasar por alto que The Rolling Stones iban a tocar doce días
después en Barcelona. En la década de 1970 Burning fueron los Stones de La Elipa; sobre todo en sus primeros años de existencia. Ahora ya ninguno de sus componentes procede de ese barrio; y nunca llegaron a ser teloneros de los Stones.
De temática de alcoholes favoritos también tocaron “Jack gasolina”, sobre otra bebida de aceptación muy extendida en el mundo del rock; y otra canción redonda. Un auténtico trallazo.

El público en general era maduro. Había más de una pareja con hijos adolescentes que se ve que crecieron escuchando los discos de Burning que ponían sus padres y con el paso de los años se han convertido también en seguidores.
De sus canciones más multitudinariamente conocidas también tocaron “Esto es un atraco” y la vitalista “Mueve tus caderas” –que sigue siendo una de las que más aceptación tiene entre los asistentes a sus conciertos, no dejando de cantarla y bailarla de principio a fin.
Hicieron una versión pausada de “Es especial” durante la cual Johnny hizo
cantar al público la parte en que se dice “ye-eh- eh-eh”. Esto fue lo más ochentero de su actuación; y de toda la noche. Y abandonaron el escenario.
En los bises llegó la sorpresa. El momento especial de la noche. Johnny anunció
que Ángel Sánchez, “Lito”, alcalaíno que fue batería del grupo entre los años 1979 y 1983, había sido invitado a tocar con ellos, algo que no había hecho desde que dejó la banda. Lito tomó las baquetas para tocar en “No es extraño” y “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?”, incluidas en dos de los tres discos que grabaron durante los años en que el alcalaíno formó parte de Burning. Si bien no participó en el rodaje de la película de Fernando Colomo del mismo título que el segundo de los temas, si lo hizo en el álbum que incluye la canción; la película, pese a haber envejecido mal, merece ser vista
aunque sólo sea por recrearse en el vestuario y la actitud de Burning en ella.Y “No es extraño” fue una de las tres canciones del siguiente elepé elegidas por Eloy de la Iglesia para la banda sonora de “Navajeros”, película que pertenece a lo que se conoce como “cine Quinqui”. Fue un inicio muy cinematográfico del grupo.
La cara de Lito reflejaba claramente que estaba gozando intensamente mientras
golpeaba sin descanso la batería. “Cómo le pega el tío”, comentó Johnny cuando
hubieron acabado el segundo tema. Y se fundieron en un emotivo y fraternal abrazo
antes de que Lito abandonara el escenario para dejar de nuevo a Kacho Casal golpear en “Nena” y en “Una noche sin ti”, en cuya letra Johnny ha cambiado a Eric Burdon por Eric Clapton. Con este tema se despidieron del público a eso de las 0.40 horas.
Si la asistencia de público había sido discreta, y como quiera que el frío se había
ido haciendo más intenso a medida que avanzaba la noche, tras finalizar el turno de
Burning hubo desbandada general; quedando tan solo un reducido número de fieles incondicionales de La Guardia: la mitad del público que había poco antes. Me consta que hubo seguidoras de estos últimos que se marcharon porque no podían soportar el frío que hacía junto a la muralla.
Esta banda tiene muchos adeptos en Alcalá, ya que dos de sus actuales
componentes mantienen una estrecha relación con la ciudad. Tocaron todos sus clásicos.
“Mil calles llevan hacia ti”, a la segunda de cambio. Cuando finalizaba, el público
estaba más apretado, y bailando.

Si bien la música de La Guardia, en especial las guitarras, suena
indiscutiblemente a rock, la forma de cantar es claramente pop. Como la de los primeros Secretos o Mamá. Por lo que hasta podría llegar a sorprender que ninguna hornada se irritara con ellos treinta años atrás. Ahora todo ha cambiado, la gente no anda
escrutando las cosas de forma tan puntillosa.
No faltaron “Cuando brille el sol”, “Noches como esta” y “Vámonos”,
durante las que El Pirata no dejó de obsequiarnos frecuentemente con sus habituales saltos mientras toca la guitarra, a los que acompañaban las plásticas poses de Barra y Manuel España. La verdad es que los títulos, dadas las circunstancias climatológicas
que acontecieron esa noche, bien pudieran parecer irónicos.
Según iban sucediéndose las canciones, el frío seguía consiguiendo que gran
cantidad de los asistentes fuera abandonando el recinto paulatinamente. Cuando llegamos a los bises tan solo quedaba un centenar de personas ateridas escuchando a la banda. Era casi insoportable permanecer allí. De hecho, llegaron a plantearse no hacer
bises con el fin de que su público dejara de sufrir por el viento y la baja temperatura, pero ante la fidelidad de sus seguidores se animaron a continuar, llegando a tocar alguna pieza de su último trabajo, Por la Cara, de este 2017.

Fue una larga velada que empezó sobre las nueve y que, después de escuchar a
tres bandas veteranas y punteras, acabó sobre las dos y media de la mañana.
Y el periodismo rancio y casposo sin aparecer en toda la noche… ¿Será que el
peso de sus gustos le hace ir des-pa- ci-to?

Crónica y Fotos por: Luis Miguel del Campo

 

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